Cerro de los Siete Colores, Quebrada de Humahuaca, Purmamarca, Jujuy (Argentina)

sábado, 8 de febrero de 2014

LA GUERRA OLVIDADA DE CHINA CONTRA VIETNAM (1979)

LA GUERRA OLVIDADA: LA INVASION CHINA A VIETNAM EN 1979

Por Sergio Daniel Aronas – 08 de febrero de 2014

Introducción

Este artículo forma parte de mi investigación ya publicada en dos partes dedicada a la presidencia de Jimmy Carter correspondiente al capítulo IV “El intervencionismo político y militar mundial”, donde hice un estudio de los principales acontecimientos internacionales donde la larga mano del imperialismo estuvo presente en forma directa como en el intento de invasión a Irán para rescatar a los rehenes como por la vía diplomática. Y este es el caso que nos ocupa esta nota que aparece como “Las relaciones con la República Popular China y la guerra con Vietnam”.

Se van a cumplir 35 años de esta tenebrosa invasión que el hegemonismo chino bajo la conducción del Premier Deng Xiao Ping, tan venerado en Occidente por ser el artífice desde 1978 de los cambios en la política interior de China, llevó a la práctica con la venia, el apoyo y las palmas de los Estados Unidos.

Es un guerra olvidada para la gran mayoría de los analistas, sea por su corta duración o porque los resultados buscados por China no fueron logrados y tuvieron que afrontar una dura derrota política y militar, no es estudiada con el rigor con que se estudian otros sucesos de la historia del siglo XX. Aquí el hecho central es el enfrentamiento por primera vez entre dos países socialistas, gobernados por grandes partidos comunistas de masas y que su larga lucha revolucionaria combatieron contra varios países imperialistas.  Y dada la importancia que tuvo esta guerra es que subimos al blog este escrito porque merece dar una explicación clara y contundente de que el Ejército de Vietnam fue el vencedor de esta lucha inaudita por más que la propaganda imperialista se rompa los dientes en demostrar lo indemostrable de que las fuerzas invasoras chinas fueron derrotadas y obligadas a retirarse.

  
Esencia de la agresión militar de China contra Vietnam

“Si algún día China cambiara de color, se convirtiera en una superpotencia y actuara en el mundo como déspota, perpetrando por todas partes atropellos, agresiones y explotación, loa pueblos del mundo tendrán derecho de pegar a China la etiqueta de “social-imperialista”, de denunciarla, combatirla y unirse con el pueblo chino para derribarla”.

Dengo Xiao Ping, discurso pronuncia en la Sexta Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidos sobre Desarrollo y Materias primas, el 10 de abril de 1974.

Estas palabras pronunciadas de Deng que en ese año era el Viceprimer Ministro del Consejo  de Estado de la República Popular China resultaron proféticas en cuanto a los actos de su país en sus relaciones con otros pueblos y fue el de Vietnam el primero que debió soportar la nueva doctrina de Beijing en el campo de batalla.  

Uno de los acontecimientos que más impactó en la opinión pública mundial y la política internacional en ese año 1979 sacudido por guerras y revoluciones, fue el enfrentamiento militar entre China y Vietnam, dos países socialistas, gobernados y dirigidos por fuertes partidos comunistas con una amplia base de masa obrero y campesina y con largas experiencias de luchas por sus independencias de toda forma de colonialismo e imperialismo. Fue una guerra propiciada por un juego de alianzas donde Vietnam contó con el apoyo de la Unión Soviética y China se alió con los Estados Unidos con el objetivo de impedir la expansión soviética en el Asia meridional por medio de los “cubanos de oriente”, como la dirigencia china llamaba a Vietnam, por la fidelidad que en el campo ideológico y político tenían con los soviéticos apoyando sus acciones y medidas.
Si en 1973 se funda la Comisión Trilateral conformada por las agrupaciones empresarias más poderosas de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, no cabe duda que entre 1978 y 1979, se forja la “Comisión Cuaternaria” con la incorporación de la República Popular China, en una especie de frente internacional con el fin de coordinar todas las acciones necesarias para oponerse a la Unión Soviética y a los movimientos de liberación nacional. A esa unión de estos cuatro poderosos centros mundiales, el propio Deng la llamó el “frente único” porque consideraban que ganarse a los Estados Unidos para poder enfocar su lucha contra el enemigo principal que eran los soviéticos. Es decir, el mismo razonamiento de los Estados Unidos para tener a China de su lado para frenar “la amenaza comunista soviética”.

Una de las obras macabras de la política exterior de los Estados Unidos, fueron los pasos seguido por la Administración Carter para alentar la agresión militar de China contra la República Socialista de Vietnam iniciada a mediados de febrero de 1979 por que ésta última apoyó y propició la formación del Frente Único de Salvación Nacional de Kampuchea (FUNSK) para derrocar a la sanguinaria dictadura maoísta de Pol Pot, un firme aliado de la República Popular China y que por supuesto la prensa occidental callaba desvergonzadamente las masacres cometidas la camarilla de Pol Pot y a su vez ocultaba sobre el visto bueno con que el imperialismo vio la operación quirúrgica contra Vietnam. Si bien esta guerra duró menos de un mes, fue un acontecimiento inaudito que causó un grave daño en el movimiento revolucionario mundial en general y al movimiento comunista en particular. La intensidad y la ferocidad de los combates debido a la sorpresa del ataque y a la desesperada movilización defensiva vietnamita para detener la agresión contra su país, provocaron miles de víctimas, sobre todo y como siempre sucede en todo conflicto armado en la población civil, principales víctimas de los bombardeos.

Con el sostenido aporte de unidades militares de élite del Ejército de Vietnam, el FUNSK en la acción de tipo relámpago, logró poner fin a uno de regímenes más salvajes que la humanidad jamás haya conocido porque masacraron a más de 3 millones de personas en su breve y catastrófica dominación. El ataque final contra Pol Pot comenzó en la navidad del 25 de diciembre de 1978 y en una campaña fulminante derrotó por completo toda resistencia hasta que el 7 de enero proclamaron la liberación de Kampuchea, establecer un nuevo gobierno e impulsar la reconstrucción del país. Con esta victoria, el 12 de enero se funda la República Popular de Kampuchea con el nombramiento Ieng Sanrim como presidente de la renacida nación. Esta acción libertadora del ejército vietnamita fue dada a conocer por los medios occidentales y la misma propaganda china porque no podía impedir la caída de su baluarte, como una invasión recibiendo Vietnam una campaña propagandística en su contra. Frente a estos acontecimientos, el gobierno chino no tuvo mejor idea que pretender castigar y darle una lección a su vecino desencadenando una guerra sin precedentes entre dos países comunistas y que mostró el delirio político e ideológico de la cúpula gobernante de  China que ya estaba plenamente vinculado con  la política exterior de los Estados Unidos, cuyas relaciones oficialmente fueron restablecidas el 1º de enero de 1979. Sin embargo, estos aberrantes y vergonzosos planes no pudieron llevarse a cabo porque gracias al contraataque del poderoso y combativo ejército vietnamita obligó a retroceder a su agresor y más que un virtual empate como afirmaban los diarios de aquellos años, fue una dura derrota para los militares chinos porque no pudieron cumplir con sus objetivos y jamás volvieron a realizar tremenda aventura de enfrentarse con el glorioso Ejército de Vietnam, el único que venció en una prolongada y durísima guerra a las fuerzas armadas de los EE.UU. Fue evidente que para lanzarse a esta guerra, el gobierno de China contaba con el apoyo no solo de los Estados Unidos, sino también de los miembros de la OTAN, sin los cuales no se hubiera permitido atacar a la República Socialista de Vietnam.

Esta guerra duró pocas semanas y prácticamente no se la recuerda en ningún manual de historia o en el análisis de la política internacional de finales de los años setenta y comienzos de los ochenta. Si recorremos algunas páginas web de internet ninguna no solo da un resultado final de la contienda sino que deja entrever como si China se hubiera alzado con una victoria que no existió y algunos cometen garrafales errores al afirmar que esta guerra se desarrolló en territorio chino, lo cual no es cierto porque cuando el Ejército chino cruzó la frontera, los combates que alcanzaron una violencia inusitada por los bombardeos y por la ofensiva terrestre china de lanzar oleadas masivas de infantería al ataque aprovechando la fuerza que podría darle la cantidad, se libraron en 26 puntos fronterizos en el territorio vietnamita sobre las ciudades de Lam Somg, Cao Bang, Cao Lai y Loc Binh, más allá de las cuales las fuerzas chinas no pudieron avanzar porque chocaron con una férrea línea defensiva vietnamita en todo el frente de batalla.

No cabe duda que este enfrentamiento tomó por sorpresa a Vietnam porque nunca pensó que un país comunista podría atacar a otro país comunista en la forma en que lo hizo y a pesar de los varios roces que tuvieron en sus fronteras en cuanto acciones provocativas de la dirigencia de Beijing sobre los alcances y los preparativos que podía su vecino del sur en caso de una guerra abierta.

El resultado final de esta guerra aunque muchos no estará de acuerdo, fue la victoria vietnamita que destruyó 420 tanques chinos y le provocó más de 60 mil bajas (casi 30 mil muertos) que teniendo en cuenta la totalidad de las fuerzas invasoras (320.000 hombres, sobre una movilización de 660.000) es una altísimo nivel de pérdidas. Del lado de Vietnam tuvo la misma cantidad de bajas y muchos de ellos civiles a causa de los bombardeos indiscriminados de China a las zonas por donde invadieron.

Esta fue una guerra terminó cuando el Ejército de Liberación Chino se vio obligado a retirarse por el violento contraataque de las Fuerzas Armadas Vietnamitas y no como lo presentó la propaganda china según la cual se retiraron porque ya castigaron demasiado a Vietnam. Vayan a los mapas militares de la época y comprueben hasta donde avanzaron los ejércitos chinos para darse cuenta de no pudieron avanzar mucho dentro del territorio vietnamita. La retirada china anunciada el 5 de marzo de 1979 coincidió con la llegada de las tropas de combate vietnamitas más experimentadas y mejor preparadas para librar la guerra. Al mismo tiempo se decretó la movilización general para la defensa del país y la expulsión de los invasores fue el precio más caro por su agresión sin previa declaración de guerra. Además ¿desde cuándo un ejército invasor se puede proclamar vencedor si al poco tiempo de atacar, ordena su retirada? ¿Qué le pasó al ejército chino? ¿No era acaso su objetivo principal conquistar la capital de Vietnam? China anuncia su retirada como una especie de victoria porque consideró que “castigó lo suficiente” a Vietnam. Este debe un caso único en la historia de las guerras desde la antigüedad hasta el siglo XX, en la que una fuerza agresora se retira por su propia cuenta. Y debieron retirarse porque no lograron sus propósitos de conquista ya que no pudieron atravesar las ciudades limítrofes y mucho menos emprender la toma de la capital vietnamita. Miren los mapas de los combates y de la campaña y podrán darse cuenta de los alcances de esta invasión traidora.

El imperialismo se regocijó con esta guerra terrible a punto tal que la revista norteamericana Time tituló su tapa así al inicio del conflicto: “Communists at War” (“Comunistas en guerra”). En este enfrentamiento, la lógica imperialista fue la de dar su apoyo a su nuevo socio chino.
La cuestión principal que planteamos al comienzo de este punto es cómo Estados Unidos alentó y apoyó la invasión China se revela por un detalle fundamental y es que semanas antes del ataque, el premier chino Deng Xiao Ping estuvo reunido en Washington con Jimmy Carter y con su consejero de Seguridad Zbigniew Brzezinski con los cuales conversaron sobre la posibilidad de realizar una acción punitiva contra su vecino del sur, cuestión que debatieron y que aprobó gustosamente el gabinete de los Estados Unidos. Al tomar conocimiento de estos planes, Carter ordenó la movilización de su flota del Pacífico en prevención de una posible reacción soviética destinada a brindar su ayuda y solidaridad con su aliado vietnamita con el cual lo unían un tratado de amistad y cooperación firmado en septiembre de 1978, lo que puso los pelos de punta a la dirigencia china por considerar esta alianza como una amenaza a sus intereses y una forma de usar a Vietnam como fuerza que garantice el “expansionismo soviético” en el sudeste asiático.

Precisamente con la República Popular China, fortaleció una alianza estratégica de largo alcance iniciada en la presidencia de Richard Nixon tras la visita a Beijing en 1972, para que juntos se concentren en la lucha contra la Unión Soviética. En aras del cumplimiento de este objetivo en 1979, el gobierno de los Estados Unidos tomó la decisión de crear un fondo por 2 mil millones de dólares para financiar convenios bilaterales entre los que se incluyeron la exportación de material de guerra avanzado tales como radares, aviones militares de transporte, helicópteros, medios de comunicación, etc.

Es muy importante esta época histórica de la política exterior de los Estados Unidos hacia China porque ésta inicia precisamente en 1978 el proceso de reformas económicas tendientes a promover el libre mercado, al desarrollo de una reconversión industrial que en los años siguientes la convertiría en la segunda economía del mundo gracias a la fuerza de su maquinaria exportadora. China modifica substancialmente el contenido de su política exterior cuanto más se aproxima a la línea de los Estados Unidos empezando a considerar la existencia de dos imperialismos: el norteamericano y el soviético. Esta es la base de la polémica, controversia y ruptura ideológica fundamental con la Unión Soviética y todos los partidos comunistas adscriptos a la línea de Moscú. 

Al entrar el vigor en enero de 1979 el tratado de restablecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales, Estados Unidos concedió a China la cláusula de nación más favorecida que debía renovarse cada año. China bajo la conducción de Deng Xiao Ping realizó un viraje de un extremo a otro en el campo ideológico que se expresan en las palabras del entonces Ministro de Relaciones Exteriores, Huang Hua quien declaró sin titubeos a fines de diciembre de 1978: “Es preciso que nos ganemos a Estados Unidos para concentrar todas nuestras fuerzas contra nuestro enemigo principal”, es decir, la Unión Soviética. Tanto Estados Unidos como China estaban perfectamente de acuerdo con que esta alianza fuera una política estratégica de largo alcance.   

Como consecuencia de la entrada en vigor del acuerdo a partir de marzo de 1979, los Estados Unidos crearon un poderoso fondo de crédito por un total de 2.000 millones de dólares con el fin de financiar los convenios bilaterales para los siguientes cinco años. A su vez se autorizaba la exportación de algunas mercancías estratégicas para China, especialmente y como no pudiese ser de otra manera, fue proporcionarle poderosos armamentos para la protección de su larga frontera con la Unión Soviética que se había convertido en su nuevo enemigo. Estos pertrecho militares consistieron en radares, aviones militares de transporte, helicópteros, medios de comunicación y otros. Para lograr estos acuerdos que implicaba el restablecimiento formal de las relaciones diplomáticas entre los dos países, el entonces consejero de seguridad nacional Zbigniew Brzezinsky viajó secretamente a China en junio de 1978 con el objetivo de acordar las bases tendientes a normalizar los vínculos entre ambas potencias que apuntaban a combatir en todos los frentes a la Unión Soviética y los demás países socialistas de todos los continentes. Finalmente el 15 de diciembre de 1978 anunciaban al mundo la normalización de sus vínculos diplomáticos, políticos y económicos porque se sentían “amenazados por la estrategia soviética”. Entre gambito de modificación de quién es el enemigo tuvo graves consecuencias para las dos grandes naciones comunistas sino también para todo el movimiento revolucionario mundial porque profundizaron las grietas y diferencias entre los dos grandes países comunistas dotados de armas nucleares.

Quien mejor graficó el cuadro de situación fue el presidente de Cuba, Fidel Castro en su discurso de solidaridad con el pueblo de Vietnam el 21 de febrero afirmó:

“Desde luego, uno de los actos más repugnantes, más cobardes, más miserables de los que podamos haber sido testigos jamás —y será difícil que haya algún otro que lo supere— es esta agresión a Vietnam. Si grave fue o graves fueron los crímenes anteriores, este es el más grave de todos, porque este crimen no parte ya de los colonialistas, o los imperialistas japoneses o de los colonialistas franceses, o de los imperialistas yankis, parte de un país que hasta hace algunos años se consideró un baluarte del movimiento revolucionario mundial, que se consideró un país socialista, un país antiimperialista, un país amigo del movimiento revolucionario, un país que —como hemos dicho otras veces— hizo una revolución que fue vista con esperanza por todos los pueblos del mundo y por todas las fuerzas progresistas del mundo. Al imperialismo lo conocíamos, al colonialismo lo conocíamos; pero jamás se pudo pensar hace algunos años que esto pudiera ocurrir alguna vez. Es el caso más repugnante de traición al movimiento revolucionario en toda la historia de la humanidad”. Y adelante analizando las relaciones entre China y Estados Unidos, agrega:

“¿Que habló Deng Xiao Ping con Brzezinski? ¿Que habló Deng Xiao Ping con Carter? ¿Sabía o no sabía, conocía o no conocía el gobierno de Estados Unidos el plan chino de agresión y de invasión a Vietnam? Esa es una cuestión muy importante. Cómo se explica que acabando de regresar de Estados Unidos reuniera la Comisión Militar y ordenara la invasión a Vietnam.

El hecho cierto es que el gobierno de Estados Unidos se ha asociado políticamente a la invasión a Vietnam; se ha asociado políticamente. Es más, recientemente un senador norteamericano declaraba que Brzezinski le había dicho que ahora los vietnamitas tenían que retirarse de Kampuchea. Una declaración. Y el gobierno de Estados Unidos, que indiscutiblemente estaba en antecedentes y que sin género de dudas se ha asociado a esta aventura de Pekín, plantea que los vietnamitas deben retirarse de Kampuchea para que los chinos se retiren de Viet Nam. Luego, han hecho causa común los imperialistas yankis y los gobernantes chinos con esta invasión. Han hecho causa común con esta descabellada y loca aventura. Es señal de que tanto Estados Unidos como China están buscando el restablecimiento del régimen genocida de PoI Pot-Ieng Sary en Kampuchea. Ese es el objetivo político: atacar a Vietnam precisamente, para que cese toda cooperación y toda solidaridad de Vietnam con el gobierno revolucionario de Kampuchea, para restablecer el régimen genocida y cercar a Vietnam, entonces, por las dos partes de nuevo, cercarlo por el sur y cercarlo por el norte. Esta es la política de Estados Unidos mientras aparentemente se lava las manos del problema”[1]

La contundencia del discurso del Presidente cubano muestra su furia enardecida contra la dirección china que desató la guerra con el apoyo de los Estados Unidos. Para algunos analistas esta guerra significó un triunfo político de la República Popular Chima porque les mostraron a los soviéticos que meterse en esta región les puede resultar caro. Caro fue para China porque nunca más intentó o se atrevió a agredir a su vecino de Vietnam y por nunca puede considerarse vencedor aquel que ataca y decide retirarse. Y es este no fue un retiro limitado y circunscripto al territorio conquistado. El ejército chino se retiró de Vietnam, cruzó la frontera y regresó a su país. Las tropas vietnamitas reconquistaron sus ciudades abandonadas por el invasor y así terminó esta guerra en dos grandes potencias comunistas, en la que China nunca reconoció su derrota.

Lo importante de este acontecimiento es el hecho de entender y determinar su carácter porque no se trató de una guerra por cuestiones fronterizas o por alguna cuestión nacional. En el primer caso, porque entre países socialistas se respetaron sus límites y de existir problemas no era justamente una guerra el mejor modo de solucionarlos. Y tampoco fue un problema de nacionalidades pese a la propaganda china que acusaba a Vietnam de explotar y expulsar a la minoría china del país. La verdadera esencia de la guerra iniciada por Chima fue una guerra de agresión, una guerra de conquista, una guerra anexionista y por lo tanto profundamente contrarrevolucionaria.

Las pretendidas lecciones que la dirigencia china pretendió dar a Vietnam terminó en un completo fracaso porque  100.000 soldados vietnamitas derrotaron con una paliza demoledora (y esto hay que decirlo porque todavía muchos creen que el ejército chino fue el vencedor) a 250.000 combatientes chinos causándoles en ese mes de guerra más bajas que las que tuvo ejército de los Estados Unidos en un mes de campaña de su larga invasión imperialista. Esa es la lección que el Ejército de Vietnam le dio a su poderoso vecino del Norte y verdadera razón de la retirada china y no el estúpido argumento de Deng de que “ya los castigamos bastante”.

Anexo I: Fuerzas Militares contendientes

China invadió con 85.000 hombres del Ejército regular apoyados por 200.000 reservistas, con más de 1.000 tanques T-62,transportes acorazados K-63 y una fuerza artillera formada por piezas chinas y soviéticas.

Estaban integrados por los Ejércitos 41 y 42 del Ejercito Popular de Lberación, de los Distritos Militares de Kumming y Guangzhou, que formaban del principal contingente de la fuerza de ataque. El Ejercito Popular Chino desde el triunfo de la revolución había estado prácticamente sin combatir en los últimos 30 años, salvo el breve lapso en que intervino en la guerra de Corea y buena parte de la plana mayor de sus fuerzas armadas había sido víctimas de las Purgas de la Revolución Cultural.

En el caso de Vietnam sus tropas, formadas por unidades regionales y de milicias, contaban con unos 60.000 hombres, dirigidos por Van Tien Dong. Lo mejor de su Ejército estaba en Camboya o de guarnición en el sur de Vietnam. Sin embargo la mayor parte de las fuerzas habían visto acción hacia relativamente poco tiempo.

Anexo II: Desarrollo de la guerra

A las 05:00 horas de la mañana del 17 de Febrero, los Chinos, protegidos por un nutrido fuego de artillería, cruzaron la frontera de Vietnam por 26 puntos distintos iniciando una guerra que pensaban que iba a ser un paseo militar. La mayoría de estos cruces eran meramente movimientos diversivos, muy pronto se hizo evidente que los chinos iban a concentrar su esfuerzo para tomar las 3 capitales provinciales fronterizas, Lao Cai, Cao Bang, y Lang So.

Las Tres eran ciudades con importancia estratégica, situadas junto a vías férreas. Una vez pasada la sorpresa inicial, los vietnamitas montaron una dura y eficaz resistencia contra los intentos chinos de tomar posiciones cercanas a las localidades anteriores. El 20 el avance del Ejército chino había perdido la iniciativa y el factor sorpresa se diluyó. La Milicia y las fuerzas regionales vietnamitas habían sufrido fuertes bajas, pero habían logrado detener el avance enemigo. Tres mil quinientas bajas y más de 80 tanques eran por su parte las perdidas chinas.

En la primera semana de violentos combates, la dirigencia china y sus mandos militares comprendieron que la pretendída lección y el castigo que pensaban infligir a Vietnam no iba a ser lo tan fácil y efectiva como lo planearon. Y como el cerca defensivo vietnamita era infranqueable con el objeto de capturar Hanoi, los chinos resolvieron concentrarse en tomar alguna ciudad fronteriza importante para que la prensa de su país, sus fuerzas armadas y el mundo, comprendan que la agresión no sería un fracaso y tener que tragarse el polvo de la derrota.

En su afán de infligir una severa derrota a las fuerzas vietnamitas con una ofensiva limitada para no provocar una escalada de la guerra, los chinos se encontraron con tropas locales, de segunda fila, vietnamitas, pero que habían luchado valientemente y detenido su avance. En esa situación, Beijing  debía enfrentarse a un serio  dilema: o pasaba por la humillación de retirar sus fuerzas al no haber conseguido el objetivo previsto o las incrementaba sus tropas combatientes y seguía con el ataque. China decidió continuar con su ofensiva en los tres frentes abiertos, pero concentrar su esfuerzo principal en tomar la ciudad de Lang Song y fue ahí donde tuvo lugar el principal escenario de esta guerra.

El Ejército chino como en la guerra de Corea, empleaba la táctica de las oleadas humanas para superar las defensas vietnamitas y la coordinación de la artillería, los tanques y la infantería en los ataques para destruir los puntos de resistencia vietnamitas fue pobre.

La dificultad para coordinar los movimientos de tropas, la pobre calidad del equipo, el no contar con un sistema efectivo de comunicaciones, las carencias logísticas y otras, hacían que los ataques chinos se terminaran estancado, siendo blancos fáciles de las tropas vietnamitas, expertas en coordinar planes de batalla entre unidades dispersas en terrenos difíciles.

La última operación de envergadura fue la batalla de Lang Song iniciada el 27 de febrero de 1979 y que fue tomada por China el 2 de marzo en medio de combates feroces y una resistencia tenaz de las defensas vietnamitas. Durante lo dias siguientes se desarrollaron duros combates en las colinas que dominaban la ciudad mientras los chinos intentaban cortar las comunicaciones de los defensores con Hanoi.
Ante algunos éxitos de las fuerzas invasores, Vietnam comenzó a  trasladar 4 divisiones por avión desde Camboya, las 304,325,10 y 320 Divisiones de infantería.

La 320 fue enviada junto con otra división local, la 308, a una apresurada línea de defensa al norte de Hanoi que se estaba formando en previsión de lo peor. Por su parte la 325 fue enviada a bloquear la ruta hacia Hanoi en el sur de Lang Song junto con la 327, ya desplegada. La División número 3 del Ejército Vietnamita, conocida como Estrella de Oro, defendia el interior de la ciudad.

El 2 de Marzo, los chinos habían conseguido cortar todas las vías de comunicación en torno a la ciudad. Con la caída de las colinas que dominaban Lang Song desde el oeste, la posición de los vietnamitas paso a ser insostenible. La ciudad fue evacuada por las fuerzas del Ejército Popular Vietnamita pese a la feroz resistencia que opusieron a los chinos.

Las fuerzas del Ejercito Popular de Vietnam se dirigieron al sur de Lang Song para reunirse con las tropas que llegaban desde Hanoi y establecer una línea de defensa. La defensa vietnamita se dividió en dos líneas. La primera estaba formada por las divisiones de infantería 325B, 338, 3, 374, 304 y 346; además los regimientos de infantería 43, 244, 576 y 49. De estas tropas, la división 346 estaba formada por los regimientos de infantería 246, 677 y 851 más el 188 de artillería. Era una de las divisiones de elite de Vietnam.
La división 3 "Estrella Dorada" estaba formada por los regimientos 2, 12 y 141 de infantería, además del 68 de artillería. El regimiento 12 era considerado el mejor del ejército vietnamita.

La segunda línea de defensa estaba constituida por las divisiones 312, 431, 327, 329 y 242. Y los regimientos 196 y 98, más la brigada 38. También 27 unidades de policía militar (de 100 hombres c/u)

Por el lado chino estaban elementos de los siguientes cuerpos de ejército ("ejércitos de campaña" en jerga militar china):

41, 42, 43, 50, 54, 55 en el sector oriental.
11, 13 y 14 en el sector occidental, además de la división 149 del 50º cuerpo de ejército.

Un cuerpo de ejército chino constaba, para esa época, de tres divisiones de infantería. En números absolutos constaba de 4.521 oficiales y 38.462 de tropa. El cuerpo tenía además un batallón de defensa química, un batallón de reconocimiento, un regimiento de artillería antiaérea, un regimiento de artillería de apoyo, un batallón de ingenieros, un batallón de control y señales, una compañía de guardia y una de mando.

La división de infantería china tenía 1.292 oficiales y 11.314 de tropa. Dentro de ella había tres regimientos de infantería, cada uno con tres batallones de infantería y una unidad de artillería regimental (1 compañía antiaérea con ametralladoras de 14,5 mm; 1 Compañía de morteros pesados de 120 mm remolcados; 1 Compañia de cañones sin retroceso de 75 mm; 1 batería de cañones/obuses de 76,2 mm). Cada batallón de infantería tenía 3 Compañías de infantería y 1 de armas pesadas (ametralladoras de 7,62 mm x 54; morteros de 82 mm; cañones sin retroceso de 57 mm). Además, un batallón de tanques con 3 Cías de tanques medianos (T-59) y 1 de tanques ligeros con Type-62 (no confundir con T-62 soviéticos). En total, 31 T-59 y 10 Type-62.
En cuanto a la artillería de las divisiones estaba compuesta por un batallón anticarros con 4 baterías de cañones de 57 mm.
1 regimiento de artillería con 1 batallón de obuses Type-54 de 122 mm y 1 batallón con cañones de 76,2 mm. Además 1 batallón antiaéreo con piezas de 37 mm.

La rapidez de la movilización del ejército de Vietnam que construyó estas poderosas líneas defensivas, fueron las que salvaron al país y garantizaron su integridad territorial en cuyo transcurso pudieron contraatacar y poner fin a la aventura criminal de los dirigentes chinos apoyados diplomática y militarmente por los Estados Unidos. Como lo fue a lo largo de toda la historia del siglo XX, Vietnam salió nuevamente victorioso.




[1] Fidel Castro. Discurso en solidaridad con el pueblo de Vietnam y de condena a la agresión china. Ver en internet: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1979/esp/f210279e.html

EL DEBATE SOBRE LA DEVALUACIÓN Y LA INFLACIÓN EN LA ARGENTINA

Por Sergio Daniel Aronas - 08 de febrero de 2014

La devaluación del peso argentino que el gobierno tuvo que reconocer como un hecho irreversible, aun cuando durante muchos años prometieron que jamás iban devaluar para no seguir el juego de los grupos exportadores tanto del agro como de la industria, ha desatado la paranoia y las furias alocadas de todos los sectores, tanto del gobierno con sus voceros pretenden defender lo indefendible de tomar esta medida, como así también de los opositores que están más perdidos y más desorientados que las autoridades que nos gobiernan porque se trata de expresiones del mismo sector social que siempre ha gobernando la Argentina y que han provocado devaluaciones, inflaciones e hiperinflaciones con resultados devastadores para el pueblo en su conjunto.
A nosotros nos interesa el análisis de los estudiosos de la izquierda, sobre todo del marxismo, que los hay y muy buenos por cierto. Pero en esta cuestión de la devaluación y la inflación, también la polémica es dura y muy fuerte entre los diversos compañeros que se ponen a analizar que está pasando en la economía argentina. Los debates son de una envergadura que nunca se ponen de acuerdo en sus opiniones, lo cual es una constante eterna en la izquierda argentina, porque si los economistas burgueses que defienden el capitalismo existe para cada uno de ellos una teoría sobre la inflación, entre los marxistas hay una inflación en las maneras de abordar los problemas políticos, económicos y sociales y la verdad que es bastante revulsivo que esto siga ocurriendo por que cuando alguien escribe un artículo, viene el hachazo de otro que no sé si utilizaría el mismo rigor y la misma virulencia para criticar al capitalismo generador de todos estos males como lo hace con quienes están del mismo arco ideológico.
Para la Argentina inflación y devaluación tienen un mismo origen y causa que es el poder del estado que con sus métodos de dirección de la política económica apuntar a preservar la supervivencia del capitalismo en todas sus facetas. Y a ello se les une el otro poder, el de las grandes empresas oligopólicas, duopólicas y/o monopólicas que actúan de una manera capitalista en toda su historia: vender precios altos y comprar a precios bajos.
Durante muchos años la inflación en la Argentina fue el problema económico número 1 debido a la enorme fuerza sus efectos destructivos porque arruina los ingresos de los trabajadores y de la población con ingresos fijos; crea dificultades en la política económica del Estado en cuanto al manejo de las finanzas públicas que los empuja a aumentar los impuestos y esa nueva presión fiscal anuncia nuevos problemas en el sentido si tanto las empresas como los particulares eestán en condiciones de soportarlo; profundiza las desproporciones de la economía en cuanto a la lucha distributiva entre las clases que integran la sociedad; en las empresas el aumento de los costos de producción son trasladados a los precios de las mercaderías que venden, con lo cual la inflación se multiplica y ante productos más caros y salarios con menor capacidad de compra, las empresas venden menos y la crisis se agudiza con despidos de personal, aumento del desempleo y lo más complicado es que puede llevar al cierre definitivo de las compañías. Pero también la inflación puede en determinadas condiciones que para evitar la ruina de las empresas, ésas sean absorbidas por otras más poderosas lo que lleva a un aumento de la concentración y centralización del capital, entendiéndose por concentración al  proceso por el cual aumenta en tamaño los capitales de las empresas y que puede observarse la modificación de los medios de producción; mientras que por centralización entendemos el proceso por el cual se modifica la composición de la estructura del capital de las empresas que ya existen y que puede darse a través de la absorción, fusión. La concentración implica el cambio en la propiedad de las empresas y la centralización apunta a la modificación de la composición del capital con que se forman las empresas.
La inflación no debe ser visto y analizado únicamente como fenómeno económico, sino que sus causas hay que buscarlas en las profundidades del capitalismo y es éste el que lo engendra, le da forma y contenido y cuando aparece devora a todo lo que hay a su alrededor. La inflación es el síntoma de una economía enferma y que el gobierno de Cristina intenta disimular, ocultar o tapar mediante la acrobacia estadística y con el malabarismo de medidas mágicas que puedan frenar sus consecuencias. Es por ello, que el aumento del costo de vida se convierta en uno de los temas candentes y más acuciantes que afecta a nuestro país. La salida que plantean los gobiernos que defienden los intereses capitalistas se basan en el ajuste estructural tal como lo conocimos en varias décadas del siglo pasado. Y eso implicó un desastre generalizado para toda la economía. Por esa razón, además de conocer las causas y consecuencias y cómo resolver este problema, es que presento una serie de trabajos sobre el tema planteado para que podamos entre todos a encontrar una salida que garantice los intereses del pueblo y el porvenir de la Patria y esto debe ser dicho así porque nuestra historia reciente de hiperinflación y la debacle de diciembre de 2001 está latente y no podemos repetir esa historia nefasta. En este sentido, no podemos dejarnos llevar por los cantos de sirena de los “artistas económicos de la tormenta”.
La culpa de la actual inflación la tiene el propio gobierno cuando empezó con su doctrina de la “sintonía fina” lanzada contra los sindicatos que cada año en las paritarias reclaman los aumentos de salarios en función del aumento del índice de precios al consumidor. Pero como el gobierno vive en la luna de Valencia y tiene un IPC completamente desvirtuado, ahora tuvo que reconocer el peligro de la inflación. Es la política del gobierno, la que decidió el cepo cambiario por la cantidad de compromisos de deuda pública que tiene y si se queja de tener que pagar tanto al extranjero, hubiera convocado al pueblo en todas las provincias del país y a los presidentes de los países latinoamericanos y declarar solemnemente el repudio de todas las deudas y todos los acuerdos firmados con el FMI, el Banco Mundial, el CIADI, el Club de París, el BID porque estos organismos saben muy bien que todo lo que se vino firmando desde el golpe de 1976 es completamente ilegal, ilegítimo y nulo de nulidad absoluta. Por eso la desesperación de Henry Kissinger cuando en 1984 voló raudamente a nuestro país para presionar al gobierno de Alfonsín que suspenda los debates parlamentarios de la deuda externa. El imperialismo tendría que aceptar que una determinación de ese tipo no afecta para nada sus intereses ya que la transferencia de millones de dólares por el concepto de los servicios de la deuda superar varias veces el stock de deuda externa acumulada. La suspensión decretada en 2001 fue una medida que lamentablemente no fue acompañada por otros países y ni la Argentina avanzó en las medidas antiimperialistas para terminar definitivamente con el sistema de la deuda externa.     
Esta devaluación al gobierno le viene como anillo al dedo porque satisface los apetitos hegemónicos de los grupos exportadores y de esa forma ajusta violentamente contra los trabajadores del país por más que invente que esta medida no va contra los salarios. La presencia de los dirigentes sindicales reunidos con el gobierno aceptando mansamente esta política es una claudicación y una traición que recuerda al comportamiento de estos jerarcas en los años noventa del gobierno menemista.
Lo único que le falta al gobierno es anunciar que “henos realizado una devaluación productiva y que sus efectos perniciosos sobre los salarios no son tales porque ahora existe el salariazo inflacionario”.





1) DEVALUACIÓN: ESTA VEZ, TAMPOCO ES DISTINTO

Por Rolando Astarita-29-01-2014

Fuente: http://rolandoastarita.wordpress.com/2014/01/29/devaluacion-esta-vez-tampoco-es-distinto/

Las recientes devaluaciones de las monedas de Venezuela y Argentina han sido presentadas por estos gobiernos, y por la izquierda chavista o kirchnerista, como partes de políticas progresistas e inclusivas, y hasta (en el caso chavista) socialistas. En particular, han enfatizado que no se trata de un “ajuste” sobre los bolsillos de los trabajadores, que esta vez “es distinto”. Aunque, por otro lado, sostienen que la culpa de la depreciación de las monedas la tienen “los especuladores” y “los grandes grupos concentrados”. Es claro que si unimos ambas afirmaciones, habría que llegar a la bonita conclusión de que los capitales y los especuladores sólo apuran medidas beneficiosas para los obreros y el pueblo (y favorables al socialismo, en Venezuela).

Por supuesto, estos dislates discursivos son el resultado de la función que naturalmente cumplen estos personajes: ocultar, manipular y confundir a la opinión pública; aunque lo disimulen con solemne palabrerío “nacional progresista”. Por eso, a algunos de estos sujetos se les podría aplicar aquellas palabras de Marx: “Viejo roué ladino, concibe la vida histórica de los pueblos y los grandes actos de gobierno y de Estado como una comedia, en el sentido más vulgar de la palabra, como una mascarada, en que los grandes disfraces y las frases y gestos no son más que una careta para ocultar lo más mezquino y miserable”. Trasladado a la actualidad argentina, se trata del lumpen burgués, o pequeño burgués, puesto a funcionario “que se la cree”, y juega a la lotería de las finanzas y los tipos de cambio. Después de todo, ¿para qué sirven los bonos de los jubilados, y los dineros del erario público, si no es para “intervenir como revolucionarios” en los mercados que hasta ayer mismo se jactaban de “dominar con la política”?

Lo que enseña la historia

Sin embargo, para el pueblo no hay comedia, sino tragedia. La tragedia del empeoramiento de sus niveles de vida, de la caída de los salarios, de los famosos “ajustes”. Es que el verdadero contenido de la devaluación es provocar una redistribución regresiva del ingreso de los asalariados, y de los sectores populares. Ahí está la historia económica argentina para atestiguarlo; se trata de fenómenos sistemáticos. Pero desde los medios K se intenta instalar la idea de que los ajustes por vía devaluación e inflación solo habrían ocurrido a partir del dominio del neoliberalismo, desde 1976, y estrictamente hasta 2003 (2001-2 está “en discusión”).


La realidad es que los planes de ajuste también se repitieron cíclicamente durante el período de industrialización por sustitución de importaciones, la “era dorada” de la burguesía “nacional y progresista”. Guillermo Vitelli, en Las lógicas de la economía argentina, describe la mecánica del fenómeno, en el lapso 1950-73. La primera etapa consistía en la aceleración de la inflación, a partir de la respuesta de los gobiernos a presiones de los mercados. Esta presión se expresaba, típicamente, por la renuencia de los exportadores a liquidar divisas. En respuesta, los gobiernos promovían primero una devaluación, y simultáneamente el aumento de las tarifas públicas; de esta manera procuraban mejorar las ganancias de los exportadores, y los ingresos del fisco. Pero dado que los precios de los bienes transables (de exportación e importación) siempre están atados al dólar, los precios industriales, y en general el costo de vida, aumentaban muy por encima de los salarios.

El resultado entonces era que se producía una redistribución regresiva del ingreso. Y a partir de esa nueva situación, los gobiernos buscaban congelar la nueva relación precios / salarios, o dólar / salarios. Se planteaban así los llamados “planes de estabilización”. Ilustramos todo esto con los datos que proporciona Vitelli (en lo que sigue, tc: tipo de cambio; cv: costo de vida; sal: salario; ind: precios industriales; agr: precios agropecuarios, en %):

Período 1949-1952: tc: 227,8; cv: 212,1; sal: 155,4; ind: 212,5; agr: 205,7. Inicio del plan de estabilidad: febrero de 1952.
 Período agosto 1958-mayo 1959: tc: 133,3; cv: 106,2; sal: 59,2; ind: 110,0; agr: 237,7. Inicio del plan de estabilidad: diciembre 1958.
 Período febrero-junio 1967: tc: 24,1; cv: 17,0; sal: 14,5; ind: 14,4; agr: 34,6. Inicio del plan de estabilidad: marzo 1967.

Puede observarse que los precios siempre subían aproximadamente a la par del tipo de cambio, en tanto los salarios quedaban atrás con respecto al aumento de los precios (aunque atenuado en 1967).

Sin embargo, el congelamiento no duraba indefinidamente. Hubo salidas de la congelación a partir de marzo-mayo de 1954, de marzo-junio de 1962 y de marzo-junio de 1970. En todos los casos, los tramos iniciales de estas salidas coincidieron con la recuperación del salario real. Escribe Vitelli: “luego de las congelaciones iniciadas hacia 1952, 1959 y 1967, la flexibilización se correspondió con aumentos salariales a tasas superiores al costo de vida y a los precios mayoristas” (p. 20). A estas rupturas siguieron recomposiciones cambiarias a tasas generalmente superiores a los salarios, lo que contribuía a sostener la inflación (aunque sin derivar en hiperinflación). De todas maneras, los salarios siempre recuperaban terreno, dando como resultado que los tramos finales de las fases de estabilidad, hasta 1973, estuvieron caracterizados “por un encarecimiento del salario respecto de los precios de los principales bienes exportables en la Argentina” (p. 22). Por lo cual, en esas circunstancias, comenzaba a generarse “un nuevo punto de inflexión”: el gobierno, con el argumento de mejorar la situación de la cuenta corriente, promovía una devaluación que superaba la tasa de inflación y de aumento salarial, mejorando de nuevo la situación de los exportadores. De esta manera se volvía a acelerar la inflación, los salarios quedaban atrás, y se iniciaba un nuevo plan de estabilización, que procuraba congelar la nueva relación precios y salarios.

Desde los 1970

A partir de 1973, el proceso se hace más caótico y convulso, debido a que se incorporan los grandes movimientos de capitales, así como el agravamiento, desde 1980, de la deuda externa. Las políticas de devaluación, o los períodos de apreciación de la moneda, pasan ahora también a estar determinados por la cuenta de capitales. Aunque las entradas y salidas de capitales, a su vez, también están condicionadas por la situación de la cuenta corriente, como lo pusieron en evidencia las crisis de México, en 1994-5, la asiática, de 1997, y Argentina en 2001. La relevancia que adquieren los movimientos de capitales indujo, a su vez, a políticas de altas tasas de interés para estabilizar el tipo de cambio; lo que da lugar a jugosos negocios de los capitales financieros y especulativos.

En cualquier caso, los períodos de mayor inflación en Argentina, a partir de los 1980, de nuevo fueron desencadenados por fuertes devaluaciones, y dieron como resultado la caída de los salarios, en términos reales. Como observa Vitelli, los planes de estabilización de 1976, 1985 y 1988 comenzaron todos con una fuerte devaluación cambiaria; la aceleración inflacionaria desde inicios de los 1980, también estuvo disparada por la fuerte depreciación de la moneda (cuando se cayó aquello de “el que apueste al dólar va a perder”). Pero estos intentos de estabilización terminaron en fracasos cada vez más tempranos: el programa de junio de 1985 duró sólo ocho meses, y el de agosto de 1988 apenas cinco meses. Esto generó las condiciones políticas y sociales que hicieron aceptable -no sólo para la clase dominante, sino para casi toda la sociedad- la Convertibilidad. Ésta buscó acabar con la inflación atando el peso al dólar. Por supuesto, lo hizo, pero al precio de una apreciación creciente de la moneda (en la medida en que hubo aumento de precios internos, y devaluación de monedas de países con los que comerciaba Argentina). Dado el atraso relativo de la economía argentina, el déficit en la cuenta corriente terminó siendo insostenible; lo que llevaría al estallido de la Convertibilidad.

Luego tenemos la experiencia de la salida de la crisis de 2001. Contra lo que dijo en su momento el relato K (Cristina Fernández aconsejando al mundo cómo salir de la crisis sin ajuste, ¿lo recuerdan?), la misma no tuvo nada de progresista. La suba del tipo de cambio de 2001-2 provocó el inevitable aumento de los precios de los bienes transables. Debido a la depresión económica, el aumento general de los precios (42% en 2002) fue menor que el aumento del dólar. Al quedar estancados los salarios y los precios de servicios -en un marco de extendida desocupación- mejoraron rápidamente la rentabilidad de los sectores exportadores, de sectores sustitutivos de importaciones, y las cuentas fiscales. En definitiva, una salida de la crisis en base a mayor explotación. Solo con la economía ya en expansión, comenzaron a recuperar terreno los salarios.

La devaluación, expresión de la debilidad de la acumulación

A la luz de estas experiencias históricas, ¿de dónde sacan los K-partidarios que la fuerte devaluación de las últimas semanas no va a producir una redistribución regresiva del ingreso? Se trata, una vez más, de la tradicional vía de ganar competitividad en base a la baja de los salarios. El problema de fondo, como hemos explicado en otras notas, es que el crecimiento económico de la “década ganada” no estuvo sustentado en un desarrollo basado en inversión en tecnología, y expansión de sectores productivos con alto valor agregado. Las bases del “modelo industrialista con inclusión” siguieron siendo el complejo sojero, el maicero, la gran minería, la industria automotriz e industria liviana sustitutiva de importaciones. Para dar un dato significativo, el déficit de la balanza comercial industrial hoy ronda los 33.000 millones de dólares; sólo el alto precio de la soja impidió que Argentina enfrentara una crisis cambiaria de características explosivas. Bajos salarios y “ventajas naturales” fueron históricamente las bases de la inserción del capitalismo argentino en el mundo; poco ha cambiado, en la última década, en este sentido.

Con este marco, en los últimos años se debilitaron y estancaron la inversión y la generación de empleo privado; disminuyó el superávit comercial (entre otras razones, por la creciente cuenta energética); se incrementó el déficit fiscal (financiado con emisión monetaria, que no deja de alimentar la inflación); y se potenció la fuga de capitales, un sinónimo de la debilidad de la acumulación ampliada de capital. Por eso, querer explicar la depreciación del peso por “maniobras de especuladores” es estar en la superficie de la cuestión. En última instancia, la especulación no explica los movimientos tendenciales; simplemente se monta sobre ellos, y los profundiza.

A la vista de lo anterior, hay que decir que la devaluación del peso argentino es una expresión de la debilidad del desarrollo de las fuerzas productivas. Por eso, sesudas tesis de economistas K que intentaban demostrar que Argentina había iniciado, en 2003, una fase de desarrollo cualitativamente distinta a todo lo ocurrido en su historia anterior, quedan hoy desnudadas como simples “macanazos” (aunque académicamente adornados). Como también suena cada vez menos creíble la cantinela del “modelo industrialista con inclusión social”. Más de la cuarta parte de la población permanece en la pobreza; un millón y medio de jóvenes no estudia ni trabaja; el 43% de la población activa tiene trabajos precarios; más del 70% de los jubilados recibe la mínima, o sea, una miseria; el 15% de la población activa está en la desocupación o en trabajos a tiempo parcial. Es en este cuadro de agobio en que vienen a descargarse la devaluación y el ajuste. Es en este panorama que se nos quiere hacer creer que no hay ajuste, porque “esta vez será distinto”. Pero no es distinto; es, con variaciones menores, “lo de toda la vida”.

Devaluación, inflación y lucha de clases

Dada la dependencia de la industria (y de la economía en general) de las importaciones, es imposible que la devaluación no genere aumentos de precios. De hecho, ya muchos capitalistas “se cubrieron”, y otros lo están haciendo por estos días. Y en las ramas o sectores en los que, por alguna razón, no se produzcan los aumentos de precios compensatorios, habrá caída de la tasa de rentabilidad, y en el mediano plazo, de las inversiones. En este sistema las decisiones de invertir se toman en base a la rentabilidad, y al horizonte temporal dentro del cual la misma se pueda mantener. Aquí no tienen nada que hacer los “sentimientos patrióticos”, y cosas por el estilo. Por este motivo, es absurdo decir que la devaluación es una imposición de “los grupos económicos antinacionales”, como pretende cierta izquierda “nacional marxista”. La devaluación venía siendo solicitada por muchos sectores, incluidos muchos pertenecientes al “capitalismo nacional”.

El hecho es que ya se habla, para enero, de una inflación que superaría fácilmente el 4%. Producida la devaluación, los sectores vinculados a los bienes transables generalmente suben los precios más rápido que los no transables; estas diferencias dan lugar a cambios en la rentabilidad relativa, y por lo tanto en la inversión en sectores. De todas maneras, por encima de estas desigualdades, y de los diferentes ritmos del proceso inflacionario, la dirección general es clara: hay una aceleración de la suba de precios, lo que significa que ya está ocurriendo una caída del salario real. No se trata de un pronóstico, sino de un diagnóstico de lo que ha venido ocurriendo en las últimas semanas, y de manera cada vez más acelerada. Con la perspectiva de nuevos aumentos de precios en el futuro próximo. Esto lo sabe cualquier trabajador común.

Toda la apuesta del Gobierno -y en esto lo acompañan las cámaras patronales- es a que los salarios suban en una proporción mucho menor de lo que lo hacen los precios. Si lo logra, habrá garantizado un aumento de la ganancia del capital; significaría también un aumento del tipo de cambio real, a costa del incremento de la tasa de explotación. Por eso, ministros y altos funcionarios están pidiendo “responsabilidad” a los dirigentes sindicales.

Estamos así ante una ofensiva abierta del Gobierno K y el capital (a pesar de las diferencias del capital “en general” con el Gobierno) contra los asalariados. Una vez más, lo que está en juego es redistribuir el valor generado por el trabajo, salarios y ganancias, en beneficio de las ganancias y a costa de los salarios. Por otra parte, es previsible que si los asalariados logran recuperar el terreno perdido, los capitalistas y el Gobierno respondan con nuevas rondas de alzas de precios y devaluaciones. En ese caso, la agudización de la espiral inflacionaria sería un reflejo de la agudización del conflicto de clase en torno a la distribución del ingreso. Este escenario -que ya ocurrió en Argentina- plantea, objetivamente, la necesidad de que la lucha de los asalariados cuestione la raíz del problema, que no es otra que la propiedad privada del capital. Nunca hay que olvidar que, en tanto los capitalistas controlen los medios de producción y de cambio -con ayuda del Estado, que jamás es neutral en estos conflictos decisivos-, los combates puramente económicos tendrán límites infranqueables. Pero cuando la lucha atañe a toda la clase trabajadora, el conflicto no es simplemente económico, sino político, y las respuestas, en definitiva, tienen que darse en ese plano. Para que alguna vez “la tortilla se dé vuelta”, y las cosas sean realmente distintas para los trabajadores y los oprimidos.


Perspectivas de la clase obrera frente a la devaluación del peso

2) NO ES UNA CRISIS CAMBIARIA

Juan Kornblihtt - OME-CEICS/Razón y Revolución - Elaborado por el autor en base a informe de Damián Bil, Viviana Rodríguez Cybulski y Emiliano Mussi – 05-02-2014.

La fuerte devaluación del peso argentino no cerró el problema económico sino que es la expresión de una crisis más generalizada. Lejos de un problema cambiario, la caída del valor del peso implica el sinceramiento de la contracción de la economía argentina, en un contexto general de devaluaciones de los llamados “países emergentes”. El comienzo de la guerra de divisas se da ante las perspectivas de un menor crecimiento chino.

El gobierno pasó de sostener que no iba a devaluar a defender el dólar oficial a 8 pesos como el de “convergencia”. Este papelón es superado por su idea de que la Argentina está exenta de la crisis mundial gracias a sus políticas anti-cíclicas. La oposición patronal no se queda atrás en su incapacidad explicativa. Atribuyen la devaluación al mal manejo del Ministro de Economía, Axel Kicillof, por keynesiano o marxista, cuando ellos proponían lo mismo durante la campaña electoral. El precio del dólar es sólo el síntoma de una situación mucho más compleja. No estamos blindados frente a la crisis ni hemos perdido ninguna oportunidad. Veremos más adelante que el crecimiento de los últimos años es resultado directo de la crisis mundial y por lo tanto la caída era inevitable en manos de este o de cualquier otro gobierno que no realice una transformación social de fondo. Como en toda crisis, los trabajadores deberán pagar las peores consecuencias. Pero los capitales también verán en cuestión su supervivencia y esto se traducirá en una crisis política. Aunque dura e indeseable, la situación actual también representa una posibilidad para la clase obrera.

Disputa por la renta agraria y el salario

El crecimiento latinoamericano de los últimos años estuvo impulsado por tres grandes motores. Al aumento de la tasa de explotación lograda a partir de la caída del salario real desde los 70, se sumó la fuerte suba del precio de las materias primas y el acceso a divisas por endeudamiento. La opción de endeudarse estuvo disponible para Brasil pero no para Argentina ya que el default no fue resuelto -pese a los numerosos intentos por acordar con el Club de París y con los fondos buitres [2].

En Argentina, el alza en la tasa de explotación empieza a evidenciarse desde los ‘70. No se revirtió con la suba del salario real ocurrida en el período 2003-2009 y se profundizó cuando el proceso inflacionario empezó a licuar lo que se conseguía en paritarias [3]. La renta de la tierra que empezó a crecer desde 2004 implicó ingresos extraordinarios que impulsaron el crecimiento tanto del gasto social como el gasto destinado a los capitales industriales que se beneficiaron con esa riqueza que el Estado les transfería y aún transfiere. La inmensa mayoría de esas empresas son poco competitivas: su productividad es baja por su escasa dotación tecnológica y los salarios que pagan -aunque bajos- son más altos que los del sudeste asiático. Sin los subsidios y la protección arancelaria serían empresas inviables. Sin acceso al crédito internacional y sin posibilidad de gravar a los mismos capitales que subsidia, el Estado hizo de la apropiación de renta agraria el sostén de todo el “modelo” [4].

El aumento del precio de la soja ocultó esto e hizo parecer que estábamos ante la oportunidad de un despegue productivo. Debido a las sostenidas transferencias del Estado, aumentó la actividad económica y el empleo se recuperó. Aunque el grueso del total fue precario y en negro. La mayor parte de la clase obrera continuó amenazada por el desempleo. Este carácter de población sobrante para el capital se evidenció en la persistencia de la asistencia social como un componente fundamental del ingreso pese al supuesto boom industrial y al nuevo “modelo de crecimiento con inclusión social” [5].

Los mecanismos por los cuales la riqueza que proviene de la renta van hacia el Estado y los capitales son complejos pero claves para entender la forma que adopta la crisis. Hasta 2008, el impuesto a las exportaciones agrarias (las llamadas “retenciones”) financiaron los subsidios del Estado. Pero luego del conflicto con la patronal del campo y el fracaso de establecer un sistema de retenciones móviles, el mecanismo de transferencia por excelencia pasó a ser el tipo de cambio [6]. La moneda expresa la capacidad de compra en el extranjero del conjunto de la economía y está determinada por la fuerza que tienen los capitales radicados en ella de disputar una parte de la riqueza producida por los obreros a nivel mundial. Las monedas más fuertes son las de los países con mayor productividad. La Argentina tuvo a lo largo de su historia momentos en los que su capacidad de compra superó a la que correspondía a la paridad de su moneda en función del peso relativo de sus capitales en el mercado mundial. De los últimos años, se destaca la dictadura y la década del ‘90 con la ilusión de que un dólar era igual a un peso (cuando la paridad cambiaria correspondiente a la productividad local con respecto a la de los EEUU se encontraba cerca del 2 a 1). En esas ocasiones, la clave para sostener la sobrevaluación eran los ingresos de divisas por el endeudamiento externo. Como vemos en el gráfico 1, ese proceso de sobrevaluación empieza a repetirse desde el 2006 (aunque con más fuerza desde 2009), pero no se financia con deuda externa sino con los dólares de la soja.


El peso (al cambio oficial) se encuentra sobrevaluado desde 2007 como forma de apropiación de
renta. Eso empujó también la inflación, que evolucionó a más de un 20% anual durante esos años, incluso por sobre el salario. La devaluación, que al 24 de enero alinea el valor del peso escasamente por encima de la paridad, implicaría a su vez una reducción de los costos laborales para el capital, y una mayor erosión del salario para los trabajadores por la inflación y la pérdida de poder adquisitivo. Pero al no generarse nuevos sectores competitivos, la acumulación de capital en Argentina no tiene perspectivas de relanzarse de forma virtuosa. La salida de la burguesía implica, entonces, peores salarios y condiciones para la clase obrera.

La sobrevaluación implica que el dólar está más barato de lo que corresponde a la capacidad de compra real de la industria local. Esto es evidente cuando la mayor parte de los capitales locales no logra exportar y sin embargo accede a importaciones, y en el caso de las empresas extranjeras radicadas en Argentina logran remitir ganancias en dólares a sus casas matrices. ¿De dónde salen estos dólares? De los exportaciones de las mercancías de origen agrario y minero. Por ejemplo, por cada tonelada exportada de soja los exportadores reciben divisas que están obligados a convertir en pesos. Al estar barato el dólar (sobrevaluado), los exportadores reciben menos pesos de lo que deberían recibir por cada dólar. Lo que es barato para unos resulta caro para otros. En 2008, el agro consiguió una victoria pírrica porque aunque frenó la suba de las retenciones no pudo impedir la quita de renta de la tierra vía tipo de cambio. Pedir una devaluación lo hubiera enfrentado de lleno no solo con la clase obrera sino con el resto de los capitales que se benefician con el tipo de cambio sobrevaluado.

¿Cómo se llegó a la sobrevaluación? Con la inflación. Al subir los precios y mantener fijo o devaluar el tipo de cambio pero con una tasa menor que la suba de precios, el peso se fue apreciando. El gobierno emitió para comprar los dólares provenientes de la renta agraria por encima de la capacidad productiva real de la economía de absorber esa magnitud de billetes. Con la inflación, el gobierno resolvía otro problema: el aumento de la tasa de explotación. Gracias a que la suba de precios fue mayor a la suba de los salarios acordada en paritarias (y muchísimo mayor a los salarios en negro) también lograba un beneficio para las empresas. Así, mataba dos pájaros de un tiro. Por un lado bloqueaba al sector agrario y por el otro ejecutaba la baja salarial que necesitaban los capitales industriales. Además, se ganaba el favor de las empresas multinacionales que al obtener dólares baratos podían remitir utilidades infladas a sus casas matrices. El problema es que lo hacía con un mecanismo no impositivo que no le permitía recaudar y que aún amenaza a las arcas públicas. La esperanza del gobierno era que todos estos favores llevarían al capital internacional más concentrado a habilitar préstamos para la Argentina -como había ocurrido en los ‘90 cuando la moneda estaba sobrevaluada. Esto nunca ocurrió y el déficit fiscal empezó su expansión. La emisión se volvió la herramienta para cubrirlo, estimulando más la inflación.

Escalada inflacionaria y demanda de dólares

Pero esta dinámica es insostenible en el largo plazo, como lo mostró la crisis de 1982 y la de 2001 que terminaron con las sobrevaluaciones previas del peso. El gobierno salió del paso de la crisis de 2008 pero no resolvió la cuestión de fondo. La sobrevaluación es empujada por la inflación. El problema es que ésta genera al mismo tiempo la necesidad de comprar dólares para escapar de la pérdida de valor de los ahorros. Para que la sobrevaluación siga en marcha el gobierno debe emitir más pesos para que se mantenga una proporción alta de pesos por dólares y este siga barato ante el aumento de la demanda. Lo cual generó más inflación. Esa espiral empezó a comerse las reservas de dólares del gobierno. Sumado al hecho de que por la baja productividad de la industria petrolera local como resultado del agotamiento de los pozos, se hizo necesario aumentar la importación de combustible [7]. Algo que no se revirtió con la estatización parcial de YPF. La sangría de dólares llevó todo el esquema al colapso. Por si esto fuera poco, el precio de la soja dejó de subir y la oferta de dólares vía endeudamiento nunca llegó. El cepo que limitó la compra de dólares se hizo inevitable para ganar tiempo. Poco, pero algo al fin. Al bloquear el acceso al dólar, el gobierno atacó sobre todo a un sector de la clase obrera que no encontró ningún mecanismo de ahorro. Los cacerolazos que se produjeron fueron protagonizados en su mayor parte por los obreros mejor pagos – aunque con una proto-dirección burguesa- que veían perder parte de su salario al no encontrar refugio frente a la inflación [8]. Algo que el gobierno reconoce al abrir la posibilidad de compra de dólares para los asalariados mejor pagos, después de haberlos acusado de “privilegiados”. La burguesía también se quejó del cepo al dólar porque no podía ahorrar. Aunque estaban mejor parados que los obreros para enfrentar la pérdida de valor del peso gracias a la compra de bonos que luego son vendidos en el extranjero (el llamado “contado con liqui”) y a la posibilidad de remarcar precios.

Por supuesto, la necesidad de conseguir dólares para escapar de la inflación no se anula por una ley. Pese a la prohibición de comprarlos a precio oficial se generó el mercado negro (o blue) con un dólar mucho más caro. De esta manera, el gobierno generaba una devaluación parcial de la economía. Sin perder la capacidad de transmitir renta a la burguesía que la apoyaba (parte de los industriales, bancos y multinacionales) por la vía de mantener sobrevaluado el dólar oficial para la exportación, la importación y la fuga de capital, reducía la demanda de dólares oficiales a través del control de un mercado paralelo más caro. Pero otra vez, se trataba de una escapatoria acotada. La inflación ya se empezó a desbocar al estar los precios regidos por el dólar blue. Solo como ejemplo, los precios de la nafta de la empresa estatal se ajustaban con los cambios del dólar paralelo. Por lo tanto, la presión sobre el dólar oficial aumentó. La devaluación era ya inevitable por causas internas y el tiempo ganado por el gobierno se agotaba.

Un crecimiento crítico

El crecimiento de la renta de la tierra es resultado directo de la crisis mundial. Dos causas explican la suba de los precios de las commodities y las dos están vinculadas. La “real” es el aumento de la demanda china impulsada por su expansión y la “ficticia” es la devaluación del dólar que impulsó una inflación mundial y el refugio financiero en las materias primas. La expansión china está basada en los bajos salarios y se alimenta de la demanda de los EEUU, que a su vez se sostiene sobre la base del financiamiento de China que le compra bonos del tesoro. Es decir que la expansión “real” del gigante asiático se da gracias a los bonos y a la especulación financiera que impulsó la recuperación parcial de los EEUU. Como se ve, todo es muy endeble y la sobreproducción mundial sigue latente sin haberse resuelto las causas de fondo de la crisis.

En este escenario, China empezó a bajar su tasa de crecimiento [9]. La proyección a la suba de las materias primas se frenó y a la vez se empezó a dudar de su capacidad de seguir comprando bonos del tesoro de los EEUU. Ante este panorama, el conjunto de las llamadas economías emergentes empezó a evidenciar problemas. Brasil -supuesta nueva superpotencia- se vio envuelta en una rebelión popular ante la evidencia de que no podía sostener el transporte público. A esto se le sumó la crisis sanitaria y educativa que vive, profundizadas por la fuga de capital reciente. Durante 2012, comenzó una lenta devaluación. Otro de los “emergentes” que devaluó fue Turquía.

La devaluación suave pero generalizada de los llamados países emergentes y la perspectiva de un freno al crecimiento chino pusieron más presión al endeble esquema cambiario argentino. Ahora se tornaba más difícil la apropiación de renta al mismo tiempo que se avizoraba una perspectiva de disminución de la misma. Además, las devaluaciones generalizadas implican otro problema. Por la vía inflacionaria, el gobierno había logrado bajar los salarios en relación al resto de las mercancías (y por lo tanto subir las ganancias de los capitalistas). Todo este esfuerzo pro patronal que le implicó la pérdida de apoyo de una fracción de la clase obrera y la ruptura con una parte de la burocracia sindical no se reflejó en una baja suficiente del costo laboral local en dólares: el costo laboral de los países que devaluaron fue menor al argentino. En particular, esto se ve al comparar el costo laboral con Brasil. El país vecino tiene su moneda aún más sobrevaluada que la moneda argentina gracias a que cuenta con el ingreso de divisas por exportación de materias primas y endeudamiento externo. Pese a esto y como muestra del verdadero carácter de los gobiernos de Lula y Rousseff, Brasil tiene costos laborales menores que la Argentina (ver gráfico 2).  Si la situación ya era complicada por lo explicado en el acápite anterior, el escenario mundial se combinó con los problemas internos en el cóctel explosivo de los últimos días.



Perspectivas

La devaluación puso en evidencia la crisis de la economía en su conjunto. El resultado será una doble contracción. Por un lado, habrá menos renta para los ineficientes capitales locales. Los terratenientes deberán hacer algo con su plata y reinsertar sus dólares en la economía nacional, pero es probable que una parte importante la fuguen del país. Por el otro lado, una parte del consumo se evaporará de la mano de la escalada inflacionaria que se produzca que, a su vez, pondrá una nueva presión sobre el dólar para ahorro. Esto llevará a una nueva apreciación de la moneda que podrá ser paleada con una nueva devaluación que acelerará otra vez la inflación. Salvo que se consiga una masa grande de dólares que frene la corrida. El gobierno apuesta a zafar de esta espiral que recuerda a la crisis de 1975 (el llamado “Rodrigazo”) por la vía de obligar al sector agrario a liquidar la parte de la cosecha que mantuvo en silobolsas o a la espera de que algún organismo internacional le preste plata y así conseguir dólares. Ninguna de las dos estrategias parece ser la solución. La primera porque lo que queda por liquidar es menos de lo que el gobierno dice [10] y la segunda es menos factible de ocurrir porque a las dificultades para acordar con el Club de París y los fondos buitres, se añade que no parece buen negocio apostar financieramente a un país que muestra menor capacidad de pago en dólares luego de la devaluación. El esquema de pagar para volver a pedir prestado que Kicillof copia de Cavallo parece no poder repetirse tan fácilmente. Pero aún cuando funcionase, el resultado no tiene por qué ser diferente al del método original.

Ante este panorama, la oposición patronal de Massa, Macri y Binner se quedó sin programa. El gobierno se los robó al devaluar y hacer todo lo que pedían en la campaña electoral. La última semana puso en evidencia tanto la unidad de intereses que ambos representan como la imposibilidad de los mismos de expresar alguna salida frente a la crisis que no pase por el ajuste social. Aunque esta evidencia no alcanza para que la clase obrera se plantee en forma automática una alternativa, sí abre una brecha. Alguna fracción impotente de la burguesía se propondrá como recambio. Es así que las organizaciones revolucionarias tienen una oportunidad de plantearse una intervención de conjunto y dejar atrás rencillas ridículas como las que tuvieron los partidos integrantes del Frente de Izquierda. Dicha intervención debe apostar antes que nada a poner límite a la baja salarial por la vía de exigir un mecanismo automático de actualización salarial, como ser una indexación por encima de la inflación. Luchar además por el acceso a mecanismos de ahorro como la compra de dólares, no sólo para los obreros mejor pagos sino también para los de menor ingreso que quedaron afuera de la nueva normativa. Aunque un paso progresivo, esas luchas no salen del terreno gremial y serán sólo paliativos ante la profundización de la contracción de la economía.

Es necesario apostar, por lo tanto, a una salida de fondo. Dicha salida pasa por una acción política que identifique las fuentes de los problemas de la acumulación de capital. La Argentina es una economía basada en capitales ineficientes que viven no sólo de la baja salarial sino de la renta de la tierra (y de la deuda externa, cuando está disponible). La lucha, por lo tanto, tiene que pasar por la apropiación de dicha renta en manos de la clase obrera. Es probable que la devaluación vaya acompañada en breve por alguna acción del gobierno de apropiar la renta a través de impuestos o incluso algún tipo de estatización del comercio exterior. En el 2008, un conflicto de este tipo encontró a la izquierda o detrás de la patronal agraria o paralizada [11]. En esa disputa interburguesa que toda crisis genera, es necesario plantearse una estrategia que ponga a la clase obrera en el centro de la escena para que deje de ser un convidado de piedra. Sin ninguna concesión a la burguesía agraria ni a los dueños de la tierra pero a la vez combatiendo el intento del gobierno de transferir la renta a la ineficiente burguesía local y extranjera. Para eso hay que plantearse medidas expropiatorias tanto de la renta de la tierra como de la industria y los servicios. Cualquier plan de estatización del comercio exterior o de control de precios que no vaya acompañado por una centralización de la producción llevará a un nuevo fracaso. La crisis es una crisis del capital en su conjunto y por lo tanto requiere una estrategia que lo ponga en cuestión.

Como vimos se trata de una crisis que tiene particularidades nacionales pero es de carácter mundial. Por lo tanto, debe estar basado en una estrategia internacional que impulse estas transformaciones en el resto de América Latina. Parte de la clase obrera brasileña, aunque sin una presencia de la izquierda revolucionaria, ya se puso de pie en las movilizaciones por el Passe Libre, contra el Mundial y en apoyo a los docentes [12]. En Venezuela el agotamiento de la política chavista de no avanzar hacia una verdadera expropiación de la burguesía con devaluaciones peores que la argentina, muestra los límites de las salidas bonapartistas [13]. Las devaluaciones implementadas generan una competencia entre las diferentes fracciones nacionales de la clase obrera por ver quién tiene el menor costo laboral en dólares. La acción internacional para enfrentar esta salida común de los capitalistas a nivel regional se vuelve imprescindible.

La izquierda argentina se encuentra a la vanguardia regional para impulsar dicha acción. No sólo por su desarrollo electoral sino sobre todo por su peso y autoridad ganada en diferentes fracciones del movimiento obrero. Es su responsabilidad histórica la convocatoria urgente a un congreso para discutir un programa de acción unificado que supere las consignas gremiales y plantee una perspectiva socialista que lejos de ser utópica se muestra como la salida más realista frente a la hecatombe capitalista que una vez más está en marcha.

Notas

[2] Bil, Damián: “Síganme… La asunción de Kicillof en Economía y el noventismo kirchnerista” en  El Aromo  N° 76, enero-febrero 2014. http://goo.gl/auHvco; Mussi, Emiliano: “En busca de la deuda perdida. Las razones del cepo al dólar y la posible reapertura del canje” en  El Aromo  N° 70, enero-febrero 2013 http://goo.gl/8nqXqF

[3] Rodriguez Cybulski, Viviana: “Un corte y una quebrada. El eterno tango de los salarios argentinos” en  El Aromo  N° 72, mayo-junio de 2013. http://goo.gl/ZP3Rhp; Rodriguez Cybulski, Viviana: “Pobres pero caros. Los límites de la suba salarial bajo el kirchnerismo” en  El Aromo  N° 70, enero-febrero de 2013. http://goo.gl/Vk0RfX

[4] Para un análisis histórico del rol de la renta de la tierra en la acumulación de capital en la Argentina y un análisis de los mecanismos de su apropiación por diferentes sujetos sociales, ver Iñigo Carrera, Juan:  La formación económica de la sociedad argentina  , Imago Mundi, 2007.

[5] Seiffer, Tamara: “La militarización de la población sobrante. El Plan Ahí y el uso de las Fuerzas Armadas para la política social” en  El Aromo  N° 68, septiembre - octubre de 2012, http://goo.gl/EFTqOF

[6] Bil, Damián: “Verde insuficiente. El tipo de cambio como mecanismo de apropiación de renta de la tierra agraria” en  El Aromo  N° 71, marzo-abril de 2013. http://goo.gl/rlrFvA; Rodriguez Cybulski, Viviana: “Mitos cambiarios. Los debates sobre la utilidad de la devaluación” en  El Aromo  N° 68, Septiembre-Octubre de 2012. http://goo.gl/OBYWzp

[7] Farfaro Ruiz, Betania: “¿Por qué vino Rockefeller? El acuerdo YPF-Chevron y las perspectivas de la rama petrolera” en  El Aromo  N° 74, septiembre-octubre de 2013. http://goo.gl/mVuDzS

[8] Kornblihtt, Juan: “¿Robo para la corona o reino (en crisis) del capital?” en  El Aromo  N° 70 enero-febrero 2013, http://goo.gl/fjKcRI; Kabat, Marina: “Divide y reinarás. Cristina y su política frente a la clase obrera” en  El Aromo  N° 70 enero-febrero 2013. http://goo.gl/kRY3PY; Harari, Ianina; Nicolás Villanova: “Coordenadas de la huelga general. Un balance del 20N” en  El Aromo  N° 70 enero-febrero 2013. http://goo.gl/mwOIRo; Alvarez Prieto, Natalia: “Desobedientes. Los docentes frente al paro general del 20N” en  El Aromo  N° 70, enero-febrero 2013. http://goo.gl/db7zyE

[9] Magro, Bruno: “Espejo oriental. El ajuste en China” en  El Aromo  N° 76, enero-febrero de 2014. http://goo.gl/Vk07x6. Para un análisis del rol de China en la crisis mundial y su impacto en la lucha de clases: Magro, Bruno: “Exportadora de ilusiones. China en el epicentro de la crisis mundial”,  El Aromo  N° 69, noviembre-diciembre de 2012. http://goo.gl/FFIUbj

[10] Ver nota de Longoni Matías,  Clarín  27/01/2014.

[11] Ver Sartelli, Eduardo (coord.):  Patrones en la ruta, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2008.

[12] Sleiman, Valeria y Federico Genera: "V de vinagre. El despertar de la clase obrera en Brasil" en  El Aromo  Nº 73, julio-agosto de 2013. http://goo.gl/UsnvnC; Pereira Leal, Leovegildo: “¡Adelante! Las perspectivas de las movilizaciones populares en Brasil  ” en  El Aromo  n° 73, julio-agosto de 2013. http://goo.gl/V2VsKz; Grimaldi, Nicolás: “La contraofensiva. El gobierno de Dilma Roussef frente a la movilización obrera” en  El Aromo  n° 74, septiembre-octubre de 2013. http://goo.gl/8nqXqF; Simoes, Roberto: “Las huelgas docentes en Brasil. Los trabajadores de la educación de Río de Janeiro resisten la política meritocrática” en  El Aromo  N° 74, septiembre-octubre de 2013. http://goo.gl/y0lJ4Q; Penna, Adriana: “La dictadura de los megaeventos en Brasil. Deporte y capital: una relación conflictiva” en  El Aromo  N° 74, septiembre-octubre de 2013. http://goo.gl/mhnyPD

[13] Kornblihtt, Juan: “Chavismo devaluado. La modificación del tipo de cambio como expresión de la crisis en Venezuela” en  El Aromo  N° 71, marzo-abril de 2013. http://goo.gl/1toF8t

3) ANTE LA OFENSIVA DE LOS OLIGOPOLIOS,
¡ESTATIZAR EL COMERCIO EXTERIOR

Atilio A. Borón – Rebelión – 31-01-2014

La Argentina enfrenta una grave crisis cuyas dos principales manifestaciones son la trepada del dólar –que refleja una peculiar anomalía argentina, porque esa moneda se está devaluando en todo el mundo, incluyendo por supuesto América Latina y el Caribe- y la resultante escalada inflacionaria que la insólita revaluación de la divisa estadounidense produce en la economía argentina. La devaluación del peso y el impulso inflacionario son, en realidad, dos caras de una misma moneda. Pero la gran paradoja es que desplome sufrido por el peso no guarda correspondencia con la situación imperante en la economía real. Esta no tiene la solidez y el dinamismo del período 2003-2008, pero está lejos de verse reflejada en los desquiciantes movimientos que se registran en el tipo de cambio. Veamos: la producción agropecuaria se mantiene en niveles comparativamente muy elevados, aun cuando la “sojización” de la agricultura plantea numerosos problemas (económicos, sociales y ecológicos) que no podemos examinar aquí; algunas ramas del sector industrial (automóviles, motocicletas, electrónicos diversos, etcétera) marcan nuevos records a pesar de las restricciones para la importación de algunos insumos cruciales; la gran minería prosigue su marcha, más allá de lo ocurrido con Pascua Lama producto de un fallo de la justicia chilena; la explotación de hidrocarburos, estimulada por las perspectivas de Vaca Muerta retoma un ritmo ascendente; los bancos y las entidades financieras registran significativas ganancias y según un reciente estudio de la CEPAL las exportaciones argentinas crecen por encima del promedio regional.

Si esto es así, ¿qué es lo que está ocurriendo? Más allá de abrir una discusión seria sobre “el modelo”, misma que no hicieron los economistas de la oposición adscriptos férreamente al neoliberalismo de los años noventa, ni tampoco los del oficialismo, para quienes lo único que había que hacer era “profundizar” un esquema económico cuyos límites, inconsistencias y deformaciones eran evidentes por lo menos desde el 2010 y acerca de los cuáles más de una vez nos referimos en nuestro blog. Pero más allá de esta necesaria discusión, decíamos, se impone actuar con urgencia sobre la coyuntura cortando de un tajo el nudo gordiano que está asfixiando a la economía arge1ntina con la estampida del dólar y la peligrosa escalada inflacionaria. Para ello el estado deberá recuperar, sin más dilaciones, el control del comercio exterior, fuente insustituible de las divisas que necesita el país.

Es absurdo, y a estas alturas demencial, que cinco o seis grandes oligopolios manejen el grueso de la divisas que ingresan por la vía de las exportaciones agropecuarias. En una economía tan dolarizada como la Argentina, en donde los componentes importados afectan a casi todas, por no decir todas, las actividades económicas del país, dejar que la disponibilidad de dólares quede en manos de un puñado de oligopolios es un acto de soberana insensatez. En Chile, sin ir más lejos, los ingresos de su riqueza principal, el cobre, los controla exclusivamente el estado. En nuestro país, en cambio, un 80 por ciento de lo producido por las exportaciones cerealeras lo retienen grandes oligopolios transnacionales, y especialmente Cargill y Bunge, seguidos de cerca por Continental y Dreyfus; a su vez un par de grandes empresas controlan los ingresos que producen las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario, principalmente aceite de soja; en la gran minería quienes lo hacen son las transnacionales del sector; y en el área de hidrocarburos (petróleo y gas) las propias empresas, con el agregado ahora de YPF pero sin perder de vista que ésta es una sociedad anónima y no una empresa del estado. Todas estas corporaciones están fuertemente articuladas con la banca extranjera, predominante en la Argentina, y mantienen fluidos contactos con los paraísos fiscales que proliferan sobre todo en el capitalismo desarrollado. En suma: un puñado de 100 empresas controlan aproximadamente el 80 por ciento del total de las exportaciones de la Argentina, y son ellas las que retienen los dólares que surgen de este comercio y que son requeridos por distintos sectores de la economía nacional.

De lo anterior se infiere una conclusión tan simple como contundente: quien controla la disponibilidad de dólares termina teniendo la capacidad de fijar su precio en el mercado local, especialmente ante un Banco Central debilitado y cuyas reservas cayeron de 52.190 millones de dólares en el 2010 a 28.700 millones de dólares al finalizar enero del 2014. Esta debilidad del BCRA le impide desbaratar las maniobras de la cúpula empresarial más concentrada, fuertemente orientada hacia los mercados internacionales, y para la cual el dólar “recontra alto” (uno de los pilares del menemismo) significa pingües ganancias porque desvaloriza el salario de los trabajadores y les permite alentar la carrera inflacionaria con la seguridad de que su disponibilidad de dólares la sitúa a refugio de cualquier contingencia. En consecuencia, el control de las divisas por parte de ese puñado de grandes oligopolios le permite ser el verdadero autor de las políticas económicas de un país tan dolarizado como la Argentina y, además, extorsionar a cualquier gobierno que no se someta a sus mandatos. Pueden aterrorizar a la población agitando el fantasma de la hiperinflación, que este país padeció a tan brutal costo en 1989 o el espectro del “corralito” de finales del 2001, y de ese modo desestabilizar a un gobierno que debe jugar partidas simultáneas de ajedrez (en el frente fiscal, tributario, monetario, cambiario, productivo) con enemigos que no sólo procuran derrotarlo en una puja puntual sino sobre todo derrocarlo. Y el gobierno actual comete el error de pensar que con concesiones varias podrá apaciguar el “instinto asesino”, como le llaman admirativamente los ideólogos neoliberales, de esos enormes conglomerados para las cuales la ganancia y el ganar -sobre todo el ganar, como recordaba Marx- es una verdadera religión cuyos preceptos son respetados escrupulosamente. Por ejemplo, el carácter sacrosanto de la propiedad privada y, por extraño que parezca, la convicción de que la lucha de clases es algo tan natural y omnipresente como el aire que respiramos, y libra esa batalla con todas sus fuerzas. Ante cada concesión de un gobierno satanizado como su enemigo la única respuesta que tiene es la de atacarlo con más ferocidad que antes, exigiendo, como Shylock a Antonio, más y más concesiones: ¡pague la deuda, acuda al CIADI, arregle con el Club de París, abra Vaca Muerta para empresas fugitivas de la justicia como Chevron, indemnice a Repsol, deje que la gran minería trabaje sin interferencias!, mientras persiste en su ataque en todos los frentes con el apoyo de la prensa hegemónica que maneja a su antojo. La crisis actual demuestra, de paso, lo ilusoria que fueron aquellas expectativas del kirchnerismo de crear una burguesía nacional, patriótica y solidaria con los intereses de las mayorías. Ya lo había dicho el Che, hace cincuenta años, y la historia le volvió a dar la razón por enésima vez: la burguesía nacional no existe.

Ahora bien: ¿cómo debería producirse la estatización del comercio exterior? Primero, no puede ser una medida aislada porque se necesita un enfoque integral que: (a) abarque a toda la cadena de comercialización del sistema agroalimentario, hoy controlado por las multinacionales, lo que debería rematar en la creación de una Junta Nacional Agroalimentaria, con las salvedades que plantearemos más abajo; (b) aumente las alícuotas impositivas a la gran propiedad rural e implemente un eficaz sistema de control que evite las sobre y sub facturaciones de las cerealeras, hoy cómplices necesarias de la corrida cambiaria; y, finalmente, (c) que re-estatice los puertos del sistema de la Hidrovía Paraná-Paraguay, privatizados en los años noventa y que son las puertas de salida de gran parte de las exportaciones agropecuarias. Estas medidas deben ser puestas en práctica con la mayor celeridad, porque el ritmo de la crisis no tolera dilaciones. Segundo, se requiere imaginación y experiencia práctica, porque no se trata de resucitar la antigua Junta Nacional de Granos o al Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio, el IAPI de la época del primer peronismo, porque el capital ha creado nuevos instrumentos financieros (compraventa a futuro, swaps, derivativos, etcétera) y la tecnología importantes innovaciones, (como el silo bolsa, que independiza al productor del riesgo que se le arruine la cosecha) lo que le permite postergar su venta hasta que el precio sea aproxime a sus expectativas, todo lo cual torna más difícil el control del comercio exterior por parte de los gobiernos. De lo anterior se desprende la necesidad de concebir una agencia estatal que regule a la totalidad del sistema agroalimentario del país, desde su origen hasta su comercialización minorista, algo bien diferente a la JNG o el IAPI. Tercero, y decisivo, esto solo será viable si se constituye un gran movimiento popular capaz de construir un instrumento político que respalde esas iniciativas y otras más encaminadas a redefinir por izquierda el rumbo de la economía argentina: la largamente demorada reforma tributaria y la elaboración de una efectiva política anti-inflacionaria que resguarde los ingresos de los asalariados, para comenzar. Una convocatoria popular sin sectarismos ni soberbias burocráticas; sin verticalismos ni verdades establecidas, porque de lo contrario la respuesta de las clases y capas populares será una mezcla de impotencia, miedo paralizante ante la clara percepción del escarmiento que se cierne sobre ellas y, en algunos casos, indiferencia, mezcla que mucho tuvo que ver con el funesto desenlace sufrido por los gobiernos peronistas en 1955 y en 1976. Una decisión tan crucial e impostergable como la estatización del comercio exterior, cualquiera que sea su forma legal y jurídica, es antes que nada un hecho político que no puede ser producido por un decreto o una resolución firmada por un funcionario instalado en las “alturas” del aparato estatal. Resta ver si el gobierno es consciente de la gravedad de la situación y decide actuar en consecuencia. La experiencia pasada no permite abrigar demasiadas expectativas pero, como tantas veces lo recordaran las Madres de Plaza de Mayo, no hay peor lucha que la que no se libra.

4) EL CAPITAL CONCENTRADO CONTRA EL
PROYECTO DE CRECIMIENTO INDUSTRIAL

Carlos A. Larriera – Rebelión – 31-01-2014

El capital concentrado y centralizado internacional (CCyCI) se opone al plan de crecimiento industrial con inclusión social que han anunciado los ministros Capitanich y Kicillof el mismo día del cambio de gabinete.

El (CCyCI) que actúa en el país es mayoritariamente extranjero, aunque hay algunos pocos capitales argentinos que ya son internacionales. Es importante tener en cuenta que gran parte de la producción del país está en manos de empresas extranjeras, o sea que el (CCyCI) actúa permanentemente y con enorme peso en la economía argentina. [1]  Sus intereses son internacionales, pero una parte de su actividad se desarrolla en el país, siendo la parte mayoritaria de la producción industrial local.

El (CCyCI) son conglomerados empresarios internacionales que tienen un directorio internacional y están compuestos por todo tipo de empresas: industriales, comerciales, bancarias, financieras, etc. Desde la crisis de la baja de la tasa de ganancia iniciada a comienzos de los ’70, y sobre la base de la impresionante revolución tecnológica, el capitalismo ha venido acelerando enormemente el mecanismo al que recurre para intentar contrarrestarla: la concentración y centralización del capital, con las cuales se salvan unas pocas grandes empresas, a costa de quebrar al resto y provocar la desocupación y el empobrecimiento de crecientes masas de población. Las oleadas de fusiones y adquisiciones que se han venido dando y acelerando a través de los años testimonian este proceso [2] . Se forman grandes conglomerados que operan a escala mundial, venden y compran en todo el planeta, no solamente producción industrial sino todo lo que se puede comprar y vender hoy bajo el capitalismo. Prácticamente todo, porque cada vez más el capitalismo convierte todo en mercancía. A medida que crece la superproducción, motorizada por esa misma concentración, se van saturando los mercados mundiales, y entonces recurren cada vez más a todo tipo de negocio financiero para seguir contrarrestando la baja de la tasa de ganancia, aunque en este caso con capital ficticio, formando burbujas cada vez más grandes que cada tanto estallan, quedando en la ruina innumerables empresas e inversores personales, salvándose al núcleo duro del CCyCI, para lo cual también se recurre a la creación de más capital ficticio, como es el caso de la actual emisión de dólares de la Reserva Federal de EE.UU. para “salvar a los bancos”, eufemismo que implica que el núcleo duro del CCyCI recupera sus inversiones a costa del aumento de la miseria de la población mundial.

Debido a la crisis mundial de superproducción no les alcanza el planeta para vender todo lo que producen o compran, razón por la cual invaden cada vez más todos los países, desplazando la producción, el comercio y la banca locales. La banca extranjera, por ejemplo, nunca tuvo la dimensión y la libertad de acción que hoy tiene en la Argentina, herencia de la política de la dictadura militar y los gobiernos de la convertibilidad 1 a 1, Menem-Cavallo y De la Rúa-Cavallo. La política económica de Cavallo fue en lo esencial, la misma de Martínez de Hoz, yendo más allá de este último porque la dictadura militar había creado las precondiciones que facilitaron hacerlo. Basta mencionar que recién con la dictadura de Onganía el ministro Krieger Vasena autorizó a los bancos extranjeros a tener sucursales en el interior del país. Desde el golpe del ´55 había venido avanzando la privatización y extranjerización, pero todavía no había llegado a ese punto.

Hoy todavía perduran la ley de inversiones extranjeras y la ley de actividades financieras promulgadas por la dictadura que, básicamente, establecen para las empresas extranjeras y las grandes empresas amplísima libertad de acción, eliminando prácticamente todas las restricciones y reglamentaciones.

El (CCyCI), dado que trabaja a escala mundial, necesita comprar y vender en el país lo que no puede vender en otros países cuyos mercados se van saturando. No le interesa ni el mercado interno ni defender el valor del peso. Le alcanza con vender sus productos a los 10 o 15 millones de argentinos que tienen mayores ingresos, apoderarse de las materias primas que existen en el país y al mismo tiempo, reclama la libre disponibilidad de las divisas, sin restricción de ningún tipo. Esto incluye, por ejemplo, libre remisión de utilidades a sus casas matrices. Reinvierten lo mínimo en el país para poder seguir funcionando localmente y la mayor parte de sus ganancias las envían a sus casas matrices, ganancias en pesos que se transforman en dólares utilizando las reservas del banco central a través del sistema bancario, legalmente y a la luz del día. A partir de fines del 2011 se establecieron algunas restricciones a esta remisión de utilidades.

Si el proyecto de desarrollo industrial anunciado con el cambio de gabinete tiene éxito, implicará un retroceso relativo de la tremenda influencia del (CCyCI) en el país, con la disminución de su posición dominante. Un gobierno en un país que se autoprovee de alimentos, energía, divisas, etc., es mucho menos vulnerable a los dictados del (CCyCI). Y el plan de desarrollo industrial con inclusión social tiene el objetivo de lograr el autoabastecimiento en todos esos rubros fundamentales. Desaparecerían los agujeros cambiarios que hoy representan el déficit comercial y energético. Déficit comercial industrial significa que las importaciones industriales constituyen un monto mayor que las exportaciones industriales. Y lo mismo en el caso del petróleo y el gas, que es la balanza comercial energética. Si además crecen las exportaciones industriales de origen industrial (MOI) al punto de que se constituye un superávit de la balanza comercial industrial y lo mismo sucede con la balanza energética, la dependencia del gobierno de los dólares de la venta de la cosecha de cereales y oleaginosos (soja, etc.) disminuiría significativamente, y el “campo” no podría ocupar el lugar central en la creación de las condiciones para un golpe cambiario como el que ha sucedido el 24.1.14 desencadenado finalmente por la Shell. A esto cabe agregar el desarrollo científico y tecnológico que está impulsando este gobierno que se ve reflejado en la fabricación de satélites y centrales nucleares en el país que se exportan, y otros desarrollos como biotecnología, nanotecnología, impresión 3D, etc., cuyo potencial exportador es también muy grande.

El CCyCI no puede permitir esto tranquilamente. Se opuso, se opone y se opondrá. Seguirán los boicots y las presiones a este gobierno para tratar de impedirlo. Los principales arietes han sido hasta este momento, la brecha cambiaria y la inflación. La brecha cambiaria parece, hasta ahora, que está siendo controlada por el gobierno. En relación a la inflación, en particular la que se puede provocar por el traslado a los precios alegando la devaluación como causa, el gobierno está en plena actividad para tratar de impedirla. La devaluación implica que todo lo importado es más caro. Como hay muchos productos industriales que tienen una gran parte de insumos importados, las empresas aducirán aumento de costos para aumentar los precios. El gobierno ha anunciado que controlará si realmente hay aumento de costos y no autorizará aumento de precios de productos finales que no estén justificados por estos aumentos. Otros obstáculos que irá instrumentando el CCyCI deberán ser enfrentados a medida que se produzcan. Seguramente se producirán. La brecha cambiaria no ha sido un fenómeno natural sino parte de la política del CCyCI para impedir el desarrollo industrial con inclusión social que pueda llegar a lograr el gobierno.

Es importante que toda la población tenga claro que se está dando esta puja entre el CCyCI y el gobierno. En otros tiempos el CCyCI solucionaba todo esto con golpes de estado. El gobierno de Ilia, por ejemplo, fue derrocado por un golpe militar por su política con los laboratorios y las empresas petroleras extranjeras.

El CCyCI está recurriendo en todo el planeta a lo que llama “revoluciones pacíficas”. [3]

Existen las internacionales de derecha [4] , una de las cuales integra la Fundacion Pensar, del PRO de Mauricio Macri, que recientemente con otras fundaciones hicieron seminarios en Rosario y la Ciudad de Buenos Aires.

Hay planes para derrotar al gobierno de Venezuela. [5] Orlando Rangel Yustiz explica la preparación del “golpe blando” contra el gobierno de Venezuela. [6]

Durante un discurso reciente en Polonia, el ex asesor de Seguridad Nacional de EE.UU. Zbigniew Brzezinski dijo que “El populismo es la nueva amenaza”. [7]

Por acción directa de sus propias empresas, como Shell el 24.1.14, por la no liquidación de parte de la cosecha y otras formas de elusión de divisas, por fuga de divisas, y/o utilizando estas y otras operaciones para volver a ampliar la brecha cambiaria, o por acciones emprendidas por sus representantes políticos (la oposición de derecha al gobierno) o acciones instrumentadas por estas organizaciones internacionales, el CCyCI se seguirá oponiendo a un desarrollo industrial con inclusión social en el país.

El gobierno está realizando permanentemente una serie de acciones para llevar adelante este plan de crecimiento industrial. Sería conveniente imaginar por un momento un escenario en que no hubiera una permanente desacreditación de las acciones de gobierno por parte de la oposición y que por otro lado, el conjunto de la población al constatar en hechos concretos los avances de este plan, se volcara paulatinamente con mayor intensidad a apoyarlo. Es fácil suponer que en una situación semejante el plan tendría muchísimas más posibilidades de concretarse.

Lógicamente este plan de desarrollo industrial tiene y tendrá todos los males del capitalismo. No podría ser de otra manera, pues es un plan de desarrollo industrial capitalista. Pero no es lo mismo el capitalismo en desarrollo que necesita del mercado interno para crecer, que los conglomerados internacionales que arrasan con todo el planeta para aumentar su tasa de ganancia. El plan de crecimiento con inclusión social del kirchnerismo es y será utópico porque o bien por su propias contradicciones y limitaciones capitalistas sumado a la oposición del CCyCI no logra desarrollarse o bien, en el caso de que lograra un desarrollo capitalista industrial importante, sufrirá el proceso de todo capitalismo, la concentración y centralización del capital e irá adquiriendo las características del actual CCyCI.

Pero no es lo mismo el corto o mediano que el largo plazo. Si en los próximos años se desarrolla el proyecto industrial del gobierno, será un escenario infinitamente más favorable para el desarrollo de la lucha de clases que si se impone incondicionalmente la política del CCyCI, volviendo a una década del ’90 de desocupación, pobreza, y destrucción generalizada de la industria, pero corregida y aumentada porque la concentración y centralización ha crecido notoriamente, y con esto sus necesidades predatorias.

Hay que tener en cuenta también, que el crecimiento industrial es necesario para el bienestar económico de la población. No a la manera capitalista, pero la construcción del socialismo se basará irremediablemente en el desarrollo industrial que se haya producido durante el capitalismo. El mejor desarrollo industrial bajo el capitalismo es el mejor escenario a partir del cual construir el socialismo. Construir el socialismo en base a una destrucción industrial generalizada como en los ’90 no es la mejor opción, en caso que ese punto de partida fuera suficiente para iniciar la construcción del socialismo.

Y en este escenario más favorable de crecimiento industrial, la tarea central de la izquierda será la elevación de la conciencia de la clase obrera y el conjunto de la población, para crear las condiciones necesarias para la única solución de fondo, la expropiación del capital y la construcción del socialismo, vía revolución social.

Los partidos de la izquierda actual no cumplen esa tarea, ni la cumplirán, porque han desarrollado a través de los años, un economicismo, limitándose a la lucha sindical y todas sus reivindicaciones, reivindicaciones que son en sí mismas reformistas, forman parte del programa mínimo de todo partido revolucionario, es decir la parte del programa que abarcan las reformas que pueden ser logradas bajo el capitalismo. La partidos de la izquierda actual son sujeto de la misma crítica que hacía Lenin a los practicantes del “economismo” en el Qué hacer, criticando que dejaban la política a la burguesía, y se dedicaban a una imposible elevación de la conciencia en base a la lucha sindical, argumentando entre otras cosas, que eso era imposible “porque el marco era demasiado estrecho”.

Una verdadera izquierda debe ser combatiente de vanguardia por la democracia, debe intervenir en todas las luchas políticas democráticas, económicas, por el máximo mejoramiento posible de las condiciones de vida de la población bajo el capitalismo, debe ayudar permanentemente a la clase obrera a comprender cómo funciona el mundo, a conocer qué intereses defienden y cómo actúan todas las clases y sectores de clases, etc. Una verdadera izquierda debe luchar para impedir que triunfe la política del CCyCI, oponiéndose a retroceder a una situación aún peor que en la década del `90 que culminó en el 2002. Debe apoyar lo bueno que haga este gobierno, criticar, oponerse, e impulsar alternativas en todo lo negativo de sus políticas, y aprovechar la experiencia inédita de una gestión que intenta una utopía, el pleno crecimiento con inclusión social bajo el capitalismo, para mostrar al conjunto del pueblo las infinitas limitaciones que existen bajo el capitalismo para concretar ese objetivo y las infinitas trabas que impone al mismo tiempo, el capital concentrado; basarse diariamente en todo esto para elevar la conciencia de la clase obrera y el pueblo acerca de la inviabilidad del capitalismo y la necesidad de la construcción del socialismo vía revolución social.

Notas:
[1]  En un informe realizado por Martín Schoor y Nicolás Arceo para el centro de estudios de la CTA (CIFRA), los autores calculan un 60 por ciento de empresas que producen en el país en manos extranjeras. A lo que se le agrega el grado de transnacionalización de las compañías argentinas más poderosas. (http://www.lapoliticaonline.com/nota/56461/, 27.10.2011, El control de las ganancias mineras y petroleras abre el debate por la remisión de utilidades)

[2]  Ver, por ejemplo, Orlando J. Ferreres & Asociados s.a., M&A EN ARGENTINA 4to Trimestre 2013 (fusiones y adquisiciones de empresas, conocidas también por su  acrónimo  en inglés “M&A” (siglas de "Mergers and Adquisitions")
http://www.ojf.com/images/documents/ma_ultimo.pdf, o también: ¿Cuáles son las principales fusiones y adquisiciones de 2010? Resumen de las fusiones y adquisiciones en el mundo en 2010, http://actualidad.rt.com/economia/view/21751-Cuales-son-principales-fusiones-y-adquisiciones-de-2010.

[3]  Según el documentalista Ruaridh Arrow “el doctor Gene Sharp propone 198 técnicas para su estrategia de una revolución no violenta. Sharp es el experto en revoluciones no violentas más famoso del mundo. Su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas.” “…Mientras Slobodan Milosevic en Serbia y Viktor Yanukovych en Ucrania caían ante la revolución de colores que barrió Europa Oriental, cada uno de los movimientos democráticos rendía homenaje al aporte de Sharp…” “…Mientras Slobodan Milosevic en Serbia y Viktor Yanukovych en Ucrania caían ante la revolución de colores que barrió Europa Oriental, cada uno de los movimientos democráticos rendía homenaje al aporte de Sharp. Éste, sin embargo, siguió siendo un desconocido para el público….”, aunque el Dr. Sharp ha recibido “…una nominación para el Premio Nobel en 2009”.
Gene Sharp: manual para una revolución sin violencia, Ruaridh Arrow, Documentalista.
http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/02/110221_gene_sharp_revolucion_no_violenta_cr.shtml,

[4]  por ejemplo: “…Tras dos jornadas en la ciudad santafesina de Rosario, el evento organizado por fundaciones vinculadas al argentino PRO y al Partido Popular español trajo a la Ciudad de Buenos Aires sus diatribas contra el llamado "populismo"…” “…Con la presencia del jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, y otras personalidades del oficialismo de la Ciudad, la derecha iberoamericana cerró ayer el seminario internacional en el que los principales referentes del ultra liberalismo regional y español analizaron la coyuntura regional y formularon "ideas y propuestas" para actuar en el futuro…”, “…ayer fue la tercera jornada del seminario "América Latina: Desafíos y oportunidades", que organizaron la Fundación Libertad, la Fundación Pensar y la fundación española FAES. El martes y miércoles pasados, en la ciudad de Rosario, los expositores llamaron a "los liberales" a "perder el miedo a decir lo que pensamos" en tanto que tuvieron duras definiciones en relación con las democracias de la región, a las que tacharon de "populismos"…”, “…contó con la presencia del ex presidente de España José María Aznar; del ex presidente uruguayo Luis Alberto Lacalle; del ex presidente boliviano, Jorge Quiroga; y del premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa…” La Fundacion Pensar del PRO de Maurico Macri pertenece a este internacional de derecha.
http://tiempo.infonews.com/2013/04/12/argentina-99973-la-derecha-cerro-su-conclave-porteno.php

Con la presencia de macri y aznar. le impidieron el ingreso a los periodistas, La derecha cerró su cónclave porteño, por Martín Ferreyra, Tiempo Argentino, 12.4.13

[5] “…un documento interno de tres organizaciones de Colombia y Estados Unidos evidencia un plan macabro contra el Estado venezolano para provocar violencia —incluso muertos— con la intención de justificar una intervención internacional antes de las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre. El documento, titulado 'Plan Estratégico Venezolano', fue preparado por la Fundación Internacionalismo Democrático del expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, junto con la Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia y la empresa estadounidense de consultores FTI Consulting. Su fecha de redacción fue el 13 de junio de 2013, durante una reunión entre representantes de estas tres organizaciones, dirigentes de la oposición venezolana, como María Corina Machado, Julio Borges y Ramón Guillermo Avelado, el experto en guerra psicológica, J.J. Rendón, y el encargado de la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos (USAID) para América Latina, Mark Feierstein…” http://actualidad.rt.com/expertos/eva_golinger/view/110489-documento-evidencia-plan-desestabilizacion-venezuela-golinger, Documento evidencia un plan de desestabilización contra Venezuela, Eva Golinger, abogada y escritora, 5 nov 2013.

[6]  “… Caracas, 01 Nov. AVN.- Los tentáculos del Albert Einstein Institution (AEI) tienen presencia efectiva no sólo en Europa, Medio Oriente y África. Bajo la dirección de Gene Sharp y sus aliados (Robert “Bob” Helvey, Srdja Popovic, Ausama Monajed, Jamila Raquib), esta subsidiaria de la CIA se extiende por América Latina desde hace más de una década, y en particular sobre la costa del Caribe, donde están Venezuela y su Revolucion Bolivariana…” Manual USA para derrotar gobiernos (V), Venezuela, la apuesta dura del golpe blando, por Orlando Rangel Yustiz, 1.11.2013.

http://www.avn.info.ve/contenido/venezuela-apuesta-dura-del-golpe-blandom. De este autor también se puede leer “Manual USA para derrotar gobiernos I, II, III, y IV, por ejemplo:

 http://www.telesurtv.net/articulos/2013/10/24/manual-usa-para-derrocar-gobiernos-gene-sharp-cerebro-de-los-golpes-201cblandos201d-9406.html

[7] Año 5. Edición número 237. Domingo 2 de diciembre 2012, Por Internacional internacional@miradasalsur.com